"A partir de la Mujer"
 
   
3.- EL DOLOR DE LA INFIDELIDAD

Al borde de la separación - causado por carencias afectivas, falta de comunicación, una antigua infidelidad y otra más reciente - este matrimonio hizo un último
esfuerzo en busca de la unión familiar. Hablar de sus heridas y verse retratado en la película ‘Los Puentes de Madison’ los hizo meditar y recapacitar

El octubre recién pasado, el matrimonio de Inés y Fabián entró en crisis. Después de 19 años casados, ella, con 38 años, quería irse de la casa confesando estar enamorada de otro hombre que la amaba y valoraba, “cosa que mi marido nunca ha hecho”. Fabián de 42, estaba absolutamente deshecho de sólo pensar que su mujer podía dejarlo para siempre. Además de estar angustiado ante esta eventualidad, se sentía muy mal consigo mismo porque años atrás él le había sido infiel a Inés y recordaba la tristeza de Inés. Fabián hoy se da cuenta del tremendo daño que su doble vida había provocado.
“En carne propia he vivido el dolor de la infidelidad. Es como andar permanentemente con un cuchillo enterrado en la guata. Duelen las entrañas, duele el alma, duelen los recuerdos. Me lo sufro día a día, minuto a minuto”.
Con éste estado de ánimo, Fabián llamó a la Fundación Chile Unido. “Quiero recomponer mi matrimonio, por nuestros hijos y porque amo a mi mujer. ¿Ayúdenme a saber qué tengo que hacer?”

Al hablar con Inés su testimonio fue el siguiente: “En nuestro matrimonio no ha habido violencia ni agresión. Yo lo veo como un matrimonio común y corriente, con crisis como fue la infidelidad de Fabián hace diez años. Eso fue triste y doloroso por el hecho en sí, pero lo peor ha sido el resultado. Me refiero a la carencia afectiva que como consecuencia empecé a sentir y sigo hoy sintiendo. No veo que Fabián me valore como mujer, que sienta algo especial por mí. Claro, me necesita, pero no está ni ahí con mi ser femenino, con mi vulnerabilidad, con mi intimidad. Él es cariñoso y atento, pero no pasa de eso. Siempre pienso que soy casi como una empleada para él, la persona que le plancha las camisas y le sirve la comida. Sólo ve esa parte mía. No ve mi tremenda necesidad de cariño y de comunicación. Y no digo esto por pica o deseos de venganza por lo que él hizo. Lo digo porque ahora tengo un punto de comparación. Con Esteban he descubierto que el amor existe. Él me conoce el alma; me acompaña, distrae, regalonea, podemos hablar horas. Por supuesto que me duele horrores dejar a mi familia, pero estoy dispuesta a ello por este hombre”.

Se le preguntó a Inés si estaba segura de ser feliz con Esteban. Pasaron varios segundos hasta que con voz llorosa contestó: “Sí, me imagino que sí, o sea creo que sí”.
Inés quería decir que sí, pero algo en su interior la hizo titubear, y ella se dio cuenta y se quebró.
La razón de sus lágrimas quedó a la vista. Inés ama lo que Esteban produce en ella: una mezcla de dicha con encantamiento, libertad y sensación de plenitud física. Pero Inés es una mujer casada con un hombre que a pesar de su engaño tiene buen corazón. Y también están sus tres hijos de 17, 15 y 9 años, que necesitan y aman a su madre.
Y ella los necesita y ama a ellos, y esto Inés lo sabe. Por eso llora. Siente el impulso de tirar todo por la borda y mandarse cambiar con Esteban, pero sabe que es imposible. Su familia viene primero.
Como una forma de ayudarla a reflexionar, se le pidió que viera la película ‘Los Puentes de Madison’.
A la semana, Inés contó que se vio reflejada en el personaje de Francesca: “… esa parte cuando el amante está adelante en el auto esperándola y ella, partida en dos, decide que su lugar es al lado de su familia”.
Fabián, por su parte, dijo comprender mejor a Inés. “La mujer de la película era tan silenciosa, cumplía su rol de esposa y madre, pero tenía un tremendo vacío interior que el marido no supo ni ver. Sentí mucha pena por ella. Ahora entiendo un poco mejor la soledad de Inés y esto me ha ayudado para analizar nuestro matrimonio y tratar, más que nunca antes, de recomponerlo”.

Se les aconsejó a ambos volver a sus raíces. “Recorran de la mano el camino que los unió veinte años atrás. Busquen la manera de re-descubrirse, de re-encantarse. Hablen de sus respectivas heridas, con misericordia, para volver a sentirse seguros, para volver a tener confianza el uno en el otro. El matrimonio lo construye el hombre y la mujer y para re-construirlo es necesario lo mismo. Inés debe renunciar por completo a su relación con Esteban. No se puede arreglar un matrimonio con una tercera persona involucrada. Si los dos han decidido hacer todo lo posible para arreglar su matrimonio, háganlo con el mejor ánimo posible, con fuerza de voluntad, sin una sombra de soberbia y con fidelidad”. Se los derivó a un especialista en terapia de pareja para que con ayuda puedan recorrer este camino de esperanza .

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