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Embarazo no Deseado

Historia de un Aborto

Una Carta Testimonio

“Si Tú no Estuvieras, yo me Muero”

Yo Di a Luz un Regalo

Carta a la Fundación

Testimonio Llegado por Mail

EMBARAZO NO DESEADO

Lo que la madre escondió durante años salió a la luz cuando la hija quiso repetir el mismo error.
Con mucha fe y humildad ella pudo enfrentar su verdad, perdonándose a sí misma
y pidiéndole perdón a los suyos. Su decisión le sacó un gran peso de encima
y sirvió para enmendar caminos...


Temprano una mañana del verano recién pasado sonó el teléfono 800 en la Fundación Chile Unido. Era Gloria llamando por su hija María José de 17 años que quería abortar la guagua que dos semanas antes había confirmado su llegada al mundo.

En la conversación salió que Gloria tenía un drama propio. Ella misma se había hecho un aborto veinte años atrás. Un aborto que nadie supo, ni el papá de esa guagua ni nadie en su familia. Un año después Gloria se casó con un nuevo pololo, el papá de María José y de sus cuatro hermanos menores. El secreto de Gloria tampoco lo supo su marido.

“Yo le dije que no era virgen, cosa que no le gustó y que en ese entonces amenazó nuestra incipiente relación. Justamente debido a su reacción tan negativa, no me atreví nunca a decirle lo del aborto. Fue muy duro y triste para mí. Puedo decir que nunca me he olvidado de esa guaguita. Con cada nuevo hijo que nacía, volvía a mi mente ese hijo que yo rechacé. No exagero cuando digo que ha sido un cuchillo clavado en mi corazón durante todos estos años porque siempre he estado muy consciente de lo que hice, yo maté a una criaturita inocente, lo maté de la peor manera, por mi miedo y egoísmo”.

Por lo vivido, Gloria afirma que fue un tremendo golpe enterarse que ahora su hija estaba optando por el aborto porque con su pololo se encontraban muy niños para tener un hijo.

“Desde un comienzo yo le advertí a María José sobre los pololeos largos siendo tan joven. Nosotros somos católicos practicantes – mi pecado yo lo confesé a un cura hace muchos años y él me dijo que Dios me había perdonado, aunque yo todavía seguía sintiéndome mal por ello - y por eso le había hablado a María José del peligro de tener relaciones sexuales. Aunque yo sospechaba, no me atreví a meterme.”

A María José un cierto día ya no le vino más la regla. Su madre lo descubrió casi de inmediato porque es ella la que lava toda la ropa de la casa.

“Como es bien descuidada con sus cosas me fue fácil pillarla. Le pregunté ese mismo día cuando regresó del colegio y se me largó a llorar. Yo pensé que me desmayaba en ese momento. Yo sentí que era como un castigarme yo misma. Me eché toda la culpa”.

A Gloria se le fue aclarando lo que tenía que hacer en cuestión de horas. Sabía que había llegado el momento de enfrentar su verdad como manera de proteger a su hija del acto que quería cometer. La conversación con una orientadora de Chile Unido le dio el valor y ánimo que necesitaba. Para mayor fuerza fue a hablar con un sacerdote de su parroquia que ella conocía bien. El también pensó que había llegado la hora para que contara su historia. “Me dijo que me iba a sacar un peso de encima y que junto con hacerlo iba a ayudar a mi hija. Recuerdo que me llevó a los pies del altar, se hincó a mi lado y juntos rezamos como veinte minutos. Yo no paraba de llorar. Sí, de miedo, pero también de emoción por lo que me estaba ocurriendo porque ya estaba sintiendo una gran paz en mi interior”.

Gloria comenzó hablando con la hermana de su marido con la cual es muy buena amiga. Después habló con su marido. “Fue muy triste. La pena no me dejaba hablar. Le había rezado tanto al Espíritu Santo pidiéndole que pusiera en mi boca las palabras correctas. Me mandó mucha humildad y era justo lo que necesitaba. Sólo con pena y humildad podía yo decirle a mi marido, al cual amo con todo mi corazón, que yo le había mentido y engañado durante toda nuestra vida juntos. Su reacción fue también un regalo de Dios. No hacía más que abrazarme y llorar y llorar. Aunque nadie me crea, fue maravilloso. Un pedir perdón y perdonar como los que salen en los evangelios. Ahora él me dice que su amor por mí aumentó al doble. Yo lo encuentro un milagro. Tantos años sufriendo lo indecible y bastó que pasara lo de María José y yo me animara a hablar para que todo se fuera arreglando”.

Al día siguiente de la conversación – o confesión – de Gloria, ella y su marido hablaron con María José y su pololo. Al principio no estaban seguros de hacerlo delante del chiquillo, pero finalmente decidieron que sería lo más conveniente. Como la noche anterior, bastaron pocas palabras de Gloria para que empezaran a correr las lágrimas de todos. Gloria contó toda su historia, sin omitir detalle de cómo y porqué había tomado esa triste decisión veinte años atrás, del sufrimiento por tener que guardar el secreto, de la angustia que le fue carcomiendo el alma, como ella lo define. Luego habló su marido y después ambos le rogaron a la pareja joven que meditara su decisión al tiempo que le ofrecían todo su apoyo y amor para ayudarlos con la guaguita que estaba por nacer.

Hoy toda la familia espera ansiosa el mes de noviembre cuando nacerá la guagua. Ya saben que es mujer y le pondrán María Jesús.

HISTORIA DE UN ABORTO
30 años después


A raíz del testimonio en un medio de comunicación de una madre que había abortado,
recibimos el llamado de una mujer que se identificó como Ana.
Ella nos contó la siguiente historia.


"Quedé muy impactada por el testimonio de esa madre. Pensé que era el momento de contar mi propia historia, mi propio calvario. Suena dramático, pero así nomás ha sido desde que me hice un aborto a los dieciocho años. Pueden decir, pero hace tantos años. Sí de acuerdo, pero el dolor, la vergüenza y el arrepentimiento todavía están en mi corazón.

"El año 73, cuando me puse a pololear por primera vez, yo vivía con mi hermana mayor, casada y con tres niños pequeños. Ella y su marido me llevaron a vivir a su casa cuando nuestros padres murieron en un accidente a fines del 69. Jorge me venía a ver todas las noches. Nos costaba pololear porque la casa era chica, no había privacidad y además mi hermana lo echaba, a la buena, apenas terminábamos de comer. Al principio aceptábamos esta situación, pero muy pronto noté que Jorge comenzó a aburrirse. Yo tenía terror que quisiera terminar nuestro pololeo y por eso busqué una manera de amarrarlo. Entonces abiertamente me ofrecí a él y para eso tuve que engañar a mi hermana haciéndome la que me iba a acostar cuando en verdad me arrancaba por la ventana.

"Esto lo hacíamos por lo menos dos veces a la semana y yo me sentía feliz porque había recuperado el amor de Jorge. Y todo anduvo bien hasta que quedé embarazada. De puro ingenuos que éramos nunca habíamos pensado en esa posibilidad. Ninguno de los dos se cuidó. Cuando pasaban los días y no me venía la menstruación me puse histérica.

Le exigía una explicación a Jorge. No sé de qué, pero recuerdo que lo retaba de puro susto que yo tenía. Y él se enojaba porque yo me la pasaba llorando y yo me enojaba porque no me consolaba ni tampoco me daba explicaciones de lo que estaba pasando. Mirando para atrás creo que estábamos como dos niños a punto de ahogarse. Cuando pasó como una semana y nada, yo le dije que fuéramos a un doctor, pero no a un doctor conocido, porque me daba terror encontrarme con alguien conocido que me preguntaría que hacía yo en la consulta de un ginecólogo. Nos fuimos a un médico en el centro que ubicamos por las Páginas Amarillas.

"El confirmó el embarazo y acto seguido insinuó la posibilidad de un aborto. Yo después reflexioné que claro, él se dio cuenta que éramos dos personas asustadas. Mi miedo era defraudar a mi hermana. Me iba a pillar la mentira, las escapadas nocturnas y que yo estaba teniendo relaciones sexuales. Yo sabía que sería un golpe tremendo para ella y que además le significaría enfrentar a la familia y la sociedad. Ella tendría que dar la cara por mí porque por último yo era menor de edad a cargo de ella. En otras palabras, ella era responsable por mí y mi embarazo significaba que ella había fallado en cuidarme.

"Todas estas ideas me daban vueltas. Yo no pensaba en ese momento en la guagua sino en mi hermana, en cómo me iba a retar por la vergüenza que yo le estaba causando. Y así cuando el doctor dijo aborto yo altiro pensé: puedo evitar este tremendo problema familiar. Fue eso lo que pensé. No recuerdo cómo siguió la conversación con el doctor. Sólo sé que yo sentí un alivio en ese momento porque me estaban presentando una solución que terminaría con mi pánico.

"De verdad no recuerdo los pasos siguientes. Como que me bloqueé. La cosa es que tuvimos que juntar la plata que era harta. Pedimos prestado y yo vendí un candelabro de plata que había heredado. Como lo tenía empaquetado en una caja mi hermana no sé dio cuenta. Años después me preguntó y yo me hice la tonta que no sabía dónde lo había dejado.

"El doctor nos citó a una clínica clandestina. Todo lo tengo medio borrado. Como que a propósito no quise registrar nada. Cuando desperté de la anestesia estaba sola en una pieza. Lo único que quería era morirme, parece que ahí empecé a caer en la cuenta de lo que había hecho. Jorge me llevó a casa y le dijo a mi hermana que no me sentía bien, que mejor me acostara. A la mañana siguiente desperté con fiebre y en la noche yo deliraba. Después supe que mi hermana llamó al pediatra de los niños y él le dijo que me llevara a la clínica. Aunque parece insólito, me operaron de apendicitis. Nunca supe – y nunca he querido saber – cómo se llegó a esa decisión. Lo único que sé es que dos días más tarde yo estaba de vuelta en mi casa sin fiebre ni dolores y sintiendo un alivio tremendo porque mi hermana no me había pillado. Pero a medida que me sentía con más fuerzas, el ánimo me empezó a fallar. Me cayó la teja de lo que había hecho. Por primera vez pensé en la guaguita que yo había dejado que mataran. Al principio culpé a Jorge, luego al doctor, y luego me di cuenta que la responsable era yo misma. Desde que me propuse seducir a Jorge todo anduvo mal. Esa decisión mía tuvo pésimas consecuencias porque me fui metiendo en un espiral de mentiras y acontecimientos que terminaron en el aborto de mi guaguita.

"Y ni siquiera terminó ahí: Se puede decir que presioné a Jorge para que nos casáramos. El no quería, pero yo le dije que habíamos vivido una experiencia muy fuerte y que ésta nos uniría para toda la vida. Por supuesto que no fue así. Nuestro matrimonio duró cinco horribles años en que lo único que hicimos fue sacarnos en cara lo que nos había pasado.

"Cuando quedé esperando a nuestra primera hija yo reviví todo lo de mi guaguita anterior. Me pasé el embarazo con una terrible sensación de culpa y remordimiento, también de susto que se me iba a morir como castigo por haber matado a la otra. Con la segunda guagua fue igual. Y seguí deprimida a pesar de tener dos niñitas sanas y preciosas. Sólo pensaba en mi primera guagua, el cual yo estaba segura era hombre. Soñaba con él. Despertaba en la mitad de la noche llorando. Fui a hablar con un cura. Por un lado fue un alivio contar lo que había hecho ya que con Jorge nunca más tocamos el tema. El padre me dijo que Dios me había perdonado, pero yo hasta el día de hoy no me perdono a mí misma por haber matado a ese hijo. Me siento mala persona, pecadora e indigna. No me permito ser feliz. Siento que no me lo merezco. Como dije, las consecuencias de ese hecho han sido un calvario porque he vivido reprimida con la culpa viva y la auto estima por el suelo.

"Cuando leí la historia de Gloria me di cuenta que yo tenía que cambiar. Debo sacar fuerzas y darle un poco de luz a mi vida. Después de llamar a Chile Unido, de contar mi historia y de aceptar que me la publicaran, fui a hablar con mi hermana. Su reacción, en un principio, fue de espanto. Algo se acordaba de mi apendicitis. "¿Pero cómo no me dijiste?" Yo le expliqué que para ella hubiera sido terrible tener una hermana madre soltera. "De alguna forma habríamos salido adelante", me contestó. Me acogió y dijo sentir una pena enorme de saber que yo llevaba treinta años con "este secreto metido en tu mente y corazón". Lloramos mucho las dos. Ahora ella me recomienda contarle a mis hijas y creo que sí lo haré una vez que me sienta más en paz conmigo misma. Ha pasado muy poco tiempo desde que decidí contar lo ocurrido, estoy como recién despertando después de treinta años de letargo. Todavía me encuentro en etapa de reparación. Sólo le pido a Dios y a mi hijo que me perdonen y que me ayuden a encontrar la añorada paz. Quiero sanar mi herida. Lleva demasiado tiempo sangrando en mi interior.

UNA CARTA TESTIMONIO

El pasado mes de octubre llegó a la Fundación Chile Unido la siguiente carta.
Como dicen sus autores, Sergio y Graciela, padre y madre de una niña de 14 años,
“es un intento de resumir nuestra experiencia con el objetivo de agradecer
todo el apoyo brindado a nuestra familia con relación al embarazo de nuestra hija Andrea”.


El 8 de febrero del presente año nos enteramos que nuestra hija Andrea de 14 años estaba embarazada. Lo primero que sentimos fue que el mundo se nos venía encima. Nos inundaron sentimientos de rabia, de pena infinita por ella, de frustración terrible, de fracaso nuestro como padres, como protectores y maestros de nuestra hija, de desesperanza por esta traumática noticia. Pensamos, en ese momento, que nuestra hija se arruinaba la vida para siempre y que a nosotros se nos quebraba el alma y el corazón, también para siempre. No podíamos creer lo que nos estaba pasando. Pensábamos que todo era un mal sueño. Pero no, para nuestra desgracia, debíamos hacerle frente a una realidad.

Teníamos la obligación como padres de enfrentar esta situación, la más difícil y dolorosa de nuestra existencia.

Desde un principio optamos por la vida. A lo ocurrido, ¿cómo agregar un nuevo error y un nuevo dolor? El aborto nunca estuvo en nuestra mente. Pero igual no sabíamos qué hacer. Buscamos en internet. Lo encontrado era aterrador. Significaba mortalidad, discriminación social y escolar, todo lo cual no hizo otra cosa que intensificar nuestra angustia. En ese momento recibimos como una luz del Espíritu Santo y encontramos una página web que nos dio esperanza. La página era de la Fundación Chile Unido. Sin saber nada de esta institución, llamamos al número 800-572-800 Jamás podremos olvidar la frase con que nos atendieron: “Chile Unido te acoge, en qué te podemos ayudar”. En ese instante ya nos sentimos acogidos y contenidos. Sentimos por sobre todo, que alguien se interesaba en nuestro drama, que alguien se interesaba en lo que estábamos viviendo, que alguien quería iluminarnos un poco el camino. La persona que nos atendió se transformó en el pilar fundamental de nuestras vidas. Ella estuvo a nuestro lado durante todo el proceso que recién comenzábamos a vivir. Personalmente nos atendió y nos fortaleció, como individuos y como familia. A ella llegamos destrozados – y no exageramos -, llorando con nuestra pequeña hija de sólo 14 años y embarazada. La primera reunión con ella duró aproximadamente cuatro horas. Sentimos que nos escuchó, que sabía lo que estábamos pasando, que entendía nuestro dolor y temor. Los minutos pasaban y ella seguía ahí, escuchándonos, acogiéndonos, dándonos su comprensión, su apoyo, su confianza de que esto no era el fin del mundo, que teníamos que tener fe y fortaleza. A ella parecía no importarle el tiempo. Lo fundamental era acompañarnos y acogernos, brindándonos minuto a minuto esperanza en cada una de sus palabras. En la mediada que transcurría el tiempo, nuestra sensación de estar perdidos en la angustia se iba disipando.

Nos contactó con una serie de profesionales: psiquiatra, abogado y ginecólogo, personas que colaboran en forma desinteresada con la Fundación. Este contacto nos permitió abordar nuestro ‘problema’ en forma integral. Con el transcurrir del tiempo nos fuimos sintiendo más acompañados. Nuestro ‘problema’ no era exclusivo nuestro. Nos dimos cuenta que muchos padres sufren esta misma angustia. Ojalá todos supieran la existencia de Chile Unido. A nosotros, y nos imaginamos que a todos los que llaman, nos atendieron cálidamente en todo momento. Al punto que nuestra visión terriblemente pesimista y doliente se transformó en optimista y esperanzadora. Y algo más que descubrimos y que queremos compartir; a medida que el tiempo pasaba, fuimos descubriendo que nuestra familia se unía aún más. El dolor y la angustia estaban produciendo puntos de unión, de amor y de comprensión.

Ya más reconfortados, vino la segunda etapa, enfrentar al colegio de nuestra hija Andrea. Después de las conversaciones con Chile Unido, ambos sentíamos que contábamos con las herramientas internas para dar la cara frente a nuestro medio. En el colegio nunca se había presentado el caso de una alumna embarazada, lo que hacía más difícil aún nuestra situación. Nos recibió el director del Colegio Pedro de Valdivia de Peñalolén, quien, para nuestra gran sorpresa, nos dio el respaldo absoluto de toda la comunidad escolar: director, profesores, apoderados y, especialmente alumnos. Nuestra hija podía volver al colegio. Sería acogida, no marginada, por sus pares y por sus profesores. Debemos confesar que ese día lloramos por la emoción de ver que los caminos se abrían para un mejor futuro. Nos sentimos orgullosos de nuestro colegio. Queremos decir que se preocuparon de brindar las mejores condiciones para que nuestra hija volviese. Se esforzaron al máximo en apoyarnos por haber optado por la vida.

Nuestra hija y nosotros nos sentimos acogidos, comprendidos, queridos y acompañados. Pero, debemos decir, cada uno de estos pasos no los dimos solos. En cada reunión y decisión estaba Chile Unido a nuestro lado, alentándonos y apoyándonos minuto a minuto. Dicho en pocas palabras, se involucraron con nosotros en el sentido más amplio de la palabra.

Andrea cumplió 15 años en pleno invierno. Llovía ese día, pero el agua no fue obstáculo para festejar a nuestra hija que muy pronto sería madre. Para ello contamos con las alumnas del Colegio Cumbre que, a través de la Fundación Chile Unido, brindan apoyo y compañía a niñitas que esperan guaguita durante todo el proceso de su embarazo. Ellas estuvieron a nuestro lado ese día. Y es en esos momentos donde uno constata el cariño verdadero. Con estas chiquillas tuvimos reuniones mensuales, lo que nos sirvió para compartir con ellas y con otras madres y sus hijas que estaban pasando por la misma situación que nosotros. No importaba la condición social, económica o religiosa; en ese momento éramos todos iguales y nos unía nuestro más profundo deseo de sacar adelante a nuestras hijas adolescentes.

El 24 de agosto nació nuestro querido nieto Benjamín; un bebé hermoso, que llegó a este mundo rodeado de mucho cariño, gracias al apoyo de personas desinteresadas que han permitido el bienestar emocional y físico de su mamá, nuestra hija.

Ver a Benjamín crecer y ver a Andrea desenvolverse como mamá ha sido una emoción muy grande para nosotros como abuelos y como padres. Estamos seguros que sin el apoyo incondicional de la Fundación Chile Unido y la de toda la gente que de alguna manera coopera con esta institución que apoya la vida, el resultado de este traumático proceso no hubiese sido el mismo. Nos han ayudado a enfrentar, asumir y vivir con fe cada paso del embarazo de nuestra hija. Hoy vemos con optimismo el futuro de Andrea y de su pequeño hijo Benjamín.

Esperamos que nuestro testimonio sea un incentivo para otras adolescentes y sus familias. Lo que más nos gustaría es que esta noble causa perdure en el tiempo y ayude y rescate a tantas niñitas que a temprana edad quedan embarazadas. A ellas queremos decirles que llamen a la Fundación. Ahí serán acogidas. Recibirán consuelo, consejo y cariño. Recibirán esperanza y ello las hará optar por la vida del hijo que esperan.

“SI TU NO ESTUVIERAS, YO ME MUERO”

El abortar un hijo es irreversible y el dolor puede acompañarnos de por vida.
En la Fundación Chile Unido somos testigos continuamente del dolor tanto de una madre como de un padre por la muerte provocada de un hijo. En el día del padre, relataremos el caso de Luis, el cual asumió su paternidad y no cesa de dar gracias por ello.

Brenda tiene 18 años, cursa 4ª Medio le gustaría estudiar pedagogía. Luis tiene 21 años y estudia Ingeniería mecánica. Hace un año 3 meses que están pololeando y se quieren mucho. Luis nos cuenta: “Los dos estabamos llenos de proyectos en nuestra vida y se nos presentó el hecho de que Brenda se embarazó. Se nos vino el mundo encima, e inmediatamente pensé que se nos arruinaba la vida por lo que le propuse a Brenda que se hiciera un aborto, que yo no pensaba apechugar con la guaguita ya que éramos muy jóvenes para ser padres. Le ofrecí pagarle el doctor y además acompañarla. Brenda dijo que lo iba a pensar ya que tampoco veía otra solución. Tenía mucho miedo a la reacción de sus padres ya que son muy estrictos y además ella es hija única.”

Brenda vio un programa de TV donde aparecía alguien explicando lo que era la Fundación Chile Unido y la labor que allí hacían. Después de llamar varias veces y cortar se decidió a hablar. La atendió una persona que la acogió muy bien, conversaron largamente ya que le explicaron en que consistía el aborto, como se realizaba y las consecuencias físicas y psicológicas que esto producía. Brenda se asustó y de alguna manera tuvo razones para no hacer algo que muy dentro de ella, no quería hacer. Le propusieron que hablara conmigo y fuéramos los dos a conversar con una Orientadora Familiar. Yo me negué de plano, ya que no estaba en mis planes asumir un cambio tan drástico de vida, no me sentía preparado, hasta dudé si realmente quería a la Brenda. Ella lloró mucho y me dijo que yo era una desilusión para ella, ya que no quería seguir al lado de alguien que no fuera capaz de apoyarla. Nos distanciamos, al comienzo me dio lo mismo, que ella se las arreglará con su decisión, pero después no podía dejar de pensar en ella, la echaba de menos, sufría por lo que podía sufrir ella, me preguntaba por lo que habría hecho con el embarazo.........me di cuenta que la quería demasiado y la fui a buscar. Brenda estaba muy dolida y me contó que había seguido en contacto con la Fundación y que estaba decidida a seguir adelante con el embarazo que todavía no se había atrevido a hablar con sus padres. Me propuso que fuéramos a hablar a la Fundación y decidí hacerlo. Fue super bueno, por que si bien yo no quería que llegara esa guagua, pude darme cuenta que la Brenda si quería y en realidad pensé en darle una oportunidad. Nos consiguió una hora gratis para ecografía. Quedamos tan impresionados al ver a nuestro hijo moviéndose y ver que era una personita parte de los dos, que lloré de emoción y decidimos que enfrentaríamos a nuestros padres y que aunque nos sacáramos la mugre íbamos a salir adelante con nuestro bebe.

Brenda se fue a vivir conmigo por que sus padres no la apoyaron. Por suerte mis viejos se la han jugado por nosotros y contamos con todo su apoyo.

Yo inmediatamente me puse a estudiar vespertino y comencé a trabajar en un taller mecánico. La Brenda fue engordando y fuimos viendo como nuestro hijo iba creciendo y junto con ello también nuestra relación y nuestro amor.
Hoy veo al Sebastián que ya tiene 1 año y me dice papá. Sé que ha sido duro, he tenido que salir adelante con mucho esfuerzo, quizás si él no estuviera podría tener más tiempo para mí, no habría tenido que sacarme la mugre, podría haber estudiado con más calma, pero ha sido para mejor, soy mejor persona y siento que si él no estuviera, yo me moriría.


YO DI A LUZ UN REGALO


Después de entregar a su hijo en adopción, se le pidió a esta joven madre que le escribiera una carta de despedida, contando las razones que la llevaron a tomar tal decisión.
Cada palabra fue escrita por ella, incluso el título. A continuación viene lo que ella llamó “mi testimonio de miedo y valentía, de mi silencio y esperanza”

No quiero hablar de mi hijo. Aquí le diré mi guagua porque no alcanzó a ser mi hijo. Yo tengo 16 años y hace poco me nació una guagua que no quise conocer. Mi historia empieza cuando me dieron algo a tomar en una fiesta y desperté media desnuda y con mucho dolor entre las piernas. Yo había tenido relaciones una sola vez un año antes. No me gustó porque el gallo fue re brusco y ahora me pasa esto. Supe altiro que había sido violada por uno o dos, nunca lo sabré. Me sentí sucia, terriblemente humillada y muy asustada que me pillara mi mamá por lo estricta que es. Menos mal no se dio cuenta. Anduve media escondida con mi herida y vergüenza y luego cuando no me vino la regla, se me vino más encima el miedo. Nunca pensé en abortar pues una tía se hizo un aborto cuando yo tenía como trece años y se agarró una infección que todos en la casa supimos lo que se había hecho. Yo lo encontré horrible. Mató a su guaguita y casi se murió ella porque estaba de más de tres meses. Me acuerdo de todo lo que sangró. Por eso, al recordar lo de la tía, yo nunca pensé en hacerme un aborto. No hablé nunca con nadie por miedo. Si yo le contaba a una amiga, a ella se le podía salir y yo no me podía arriesgar a eso. Viví con el silencio y con mucho miedo. Menos mal no me vinieron esos mareos que dicen ni ninguna cosa y como soy flaca, no se me notaba nada.

Como a los tres meses ya me había tranquilizado un poco más y me atreví a pensar ya en la guagua. Como que la sentía dentro de mí aunque dicen que esto no es posible hasta los cuatro meses. Qué voy a hacer contigo mi guaguita, no puedo tenerte porque soy muy joven, no termino aún el colegio y mi mamá me pega si sabe que te tengo dentro de mí. Por ti y por lo que yo dejé me pasara en esa fiesta. Yo no tuve la culpa, pero ella no me entendería y jamás me daría su perdón. ¿Qué hago entonces contigo mi guagua? No te quiero matar. Te quiero dar vida porque mereces vivir y saber de qué se trata la vida. Quiero que veas el sol y seas alegre. Un niño feliz quiero que seas. Lo malo es que no puedo entregarte la felicidad. Me siento tan sola, abandonada, tengo tanto miedo que sólo te haré infeliz. No puedo cuidarte, tengo que seguir estudiando.

La idea de entregar a mi guagua para que otra gente la adoptara siempre estuvo en mi cabeza. Pero estaba tan paralizada por el miedo que no podía tener claridad para pensar. Recién como a los cinco meses de mi embarazo me atreví a ir a un consultorio. No me querían atender porque no tenía dirección en esa zona. Una señora que era matrona me vio muy afligida por mi embarazo y por eso me contactó con la Fundación Chile Unido. Llamé y ahí fue la primera vez que pude hablar sobre lo que me pasó. Me ayudaron cualquier cantidad y me pusieron en contacto con la gente que ve lo de la adopción. Estaba súper aliviada porque vi que querían ayudarme y nadie ahí me juzgaba. Se me empezó a pasar un tanto el susto.

Me vine a Santiago. Le dije a mi mamá que me iría a unos talleres de invierno. Mi mamá se creyó el cuento. No me explico cómo con lo preguntona que es. Yo estaba de casi ocho meses y me cabían mis jeans que me ponía con un polar grande encima. Aunque tenía calor me aguantaba. Pero no tenía calor porque pasaba con frío de puro nervio.
Igual yo todo el tiempo le hablaba a mi guaguita. Te voy a regalar a unas personas que te van a adoptar y te van a querer y cuidar mejor que yo. Van a ser muy buenos contigo. Ojalá te den hartos hermanitos para que puedas jugar. Te van a dar ropita y juguetes y van a tener una casa bonita con jardín. Cosas así yo le conversaba a mi guagua. La matrona siempre me decía convérsale nomás, te puede escuchar.

Me fui a un hogar con más niñas como yo. Eramos 23 en total, pero yo no hablaba con nadie, sólo lo justo y necesario para no pasar por mal educada. No dormía bien pensando si mi mamá viene a Santiago y pasa por aquí y me pilla que no fui al campamento ese. Mi mamá me había dado 5 mil pesos y la matrona me dijo con esa plata cómprale algo a tu guaguita y yo fui y le compré un paquete de hartos pañales y una mamadera para que le dieran leche. Con lo que sobró me compré un pinche porque el pelo se me metía a la cara de puro largo que estaba y me molestaba.

Justo un día cuando estaba comiendo se me rompió la bolsa de agua y me llevaron al hospital. Me decía tranquila y yo tiritaba como un pollo. Mi guagua nació al día siguiente. Fue súper largo el parto. Yo a la matrona le había dicho que no me la mostraran, que si la veía me iba a encariñar con ella y yo no quería eso. Y así nomás fue. Oí cuando lloró y sería todo.
Algunas personas fueron bien crueles conmigo, me decían cómo entregaste a tu guagua, que no la quisiste ni ver. Qué saben ellos del sufrimiento que yo padecía. No me interesa si me entienden a no, para mí la cuestión es así, yo amé a mi guagua, dejé que viviera pues no la maté con un aborto como otras mujeres. Durante nueve meses la alimenté y cuidé, hasta le canté, y si la regalé para la adopción fue con una pena muy grande, pero también con mucha valentía por mi parte y mucha esperanza por su futuro, porque como yo lo veo, conmigo lo iba a pasar mal y yo a cambio le regalé una vida de más ventajas y más plena con padres que la van a querer porque la eligieron como propia. Si bien yo no elegí mi situación, aprendí que debo cuidarme más, saber donde voy, no tomar y he pensado mucho en mi futuro, en que de alguna forma yo soy responsable de lo que me pasa. Debo salir adelante a pesar de todo lo que me ha pasado y por mi guaguita hacer que mi vida valga la pena.

Sé que mi guagua es hombre y yo pedí a la gente del hogar que me vieran bien en qué manos quedaba. Quiero que quieran a mi guagua y me prometieron que así era siempre. Yo quiero pensar que fui sincera y valiente, que no le torcí el destino a esa guagua ni la abandone como me dijeron en el hospital.

Ahora vuelvo a mi casa y todo seguirá como antes. Sólo mi corazón guardará un secreto que nadie nunca conocerá. Me dijeron que los hijos adoptados a veces vuelven a buscar a sus madres. Si es así, yo le deseo a mi guagua que si él quiere nos encontremos ya más adelante cuando los dos tengamos nuestras familias y seamos felices.

Que mi guaguita me perdone porque lo regalé. Sólo por amor lo hice y creo que va a recibir amor, así como esa historia que leí en una revista de una señora que adoptó tres niños abandonados. Recorté su foto. Es bonita y me gustaría que así fuera la mamá de mi guaguita. No sé qué más escribir en esta carta. Sólo que soy feliz por mi guagua porque está viva y con los padres que la van a tener para siempre.

 


11 de Octubre de 2002.

Fundación
Chile Unido
Santiago
Presente


Desde niña me ha gustado escribir. Por lo tanto aquí les envío con mucho cariño una de mis máximas obras que dediqué hace algún tiempo a una querida amiga, a quien la perdí ya que ella en su arrepentimiento me dijo que por qué no la acusé con sus padres antes de tomar esa mala decisión, pero yo por respeto y lealtad preferí guardar silencio, sin embargo igual sufrí junto con ella después de la desgracia y nos alejamos para siempre. En medio de mi dolor le dediqué este poema ( a los dos: madre e hijo), y sé que ese angelito nos ha perdonado a ambas.

Ojalá ustedes lo publiquen y se los enseñen a las jóvenes, para que vean que elegir la vida siempre ha sido y será mejor.

Lo presenté en un concurso organizado por un Consultorio de Salud, y gané el tercer lugar. Aunque estoy segura de que llega a un primer lugar en muchos corazones.
Espero les guste y tenga buena acogida.
Me despido atentamente de ustedes

Erase una vez la vida
Hijo mío, angelito misionero,
te ofrezco las lágrimas de mi sufrimiento.
Porque una fría noche (fría como mis pensamientos),
tomé la peor decisión de mi vida en fatídicos momentos.

Te juro que no sabia lo que hacia, ni a lo que iba,
ya que empezó mi amargo arrepentimiento en menos de un día.
Sentimiento de culpa que aturdió mi vida,
oscureció mi conciencia, espantó mi alegría.

Todos se dieron cuenta de que estaba tan retraída,
faltaba el brillo en mis ojos, el cual se opacó con tu partida.
Porque viniste al mundo cuando menos te esperaba
y me reencontré contigo cuando ya no existías,
éste vacío ha destruido mi alma,
me tiene sumergida en una pena infinita.

De tu inocencia yo misma me privé,
de verte reír, jugar y crecer.
Te negué estrecharte entre mis brazos, ver la luz del sol,
el cariño de tus abuelo, compartir todo a mí alrededor.

Reconocer esto hace un nudo en mi garganta
al comprender que no supe recibir a un angelito que Dios manda.
Ya que no acunó tu lecho suaves algodones,
ni jazmines perfumaron tu sien,
cada uno de mis suspiros te suplica “hijo mío perdóname,
tal vez muy en el fondo lo hice por tu bien.”

Aún así vivo arrepentida, angustiada por el remordimiento,
debido a que esto es lo peor de mi vida y me causa tanto tormento.
¡Oh Dios mío! no sé qué hacer, ni dónde ir!
Con esta desorientación, ¿qué clase de existencia he de vivir?
Si existes, perdóname, si perdonas, ayúdame.
Creo en Ti y en todo tu Santo Reino,
por favor les pido de corazón, ¡reciban mi sufrimiento!
Tengan a mi angelito, allá en vuestro hermoso cielo,
añoro algún día poder acunarlo, estrecharlo contra mi pecho.
Decirle: mira mi amor como me tienes,
envuelta en redes de dolor,
solo tu perdón es mi liberación.
Mamita: yo ya te perdoné, hace tiempo que te comprendo,
no sufras por que tus lagrimas han sido mi leche,
y no he fallecido, ya que viviré para siempre gracias a tus recuerdos.
Te ama y espera…..tu hijo Alexis Daniel.

Hijo mío, mi rey, aunque este mundo llegue a su fin,
y será un final feliz,
yo me apartaré en un rincón,
para reflexionar y pensar en ti.
Cariñosamente….tu madre que te adora.

Victoria del Alba.

 

TESTIMONIO LLEGADO POR MAIL

Hace mucho tiempo que sentia la necesidad de comunicarme con ustedes para
contarles un poquito mi h istoria, que indirectamente esta muy relacionada
con ustedes.

Yo quede embarazada en el año 2000, estaba en segundo año de mi carrera en
la universidad y en cierto modo siempre fui la esperanza y el orgullo de mi
familia. Cuando supe lo de mi embarazo me queria morir, no podia aceptar el
hecho de tener que causar ese dolor a mis papas. La verdad es que algo me
decia que yo queria ese hijo, pero el miedo a mis papas, al futuro (ese que
ya no seria com oyo lo habia planeado) y a todo lo que se vendria me tenia
tan mal que pense en el aborto como opcion, como opcion fuerte. Estaba
desesperada y con mi pololo, que estaba igual que yo empezamos a averiguar,
nunca llegamos a nada concreto, solo datos vagos. Es aqui donde aparecen
ustedes, o mas bien esa gran campaña televisiva que hicieron ese momento,
especialmente el "si tu no estubieras". Antes la habia visto muchas veces,
pero en ese momento fue como la voz que me dijo basta!!! Y me trajo a la
tierra, cada vez que lo veia lloraba y en cierto modo el saber que existia
una institucion como la de ustedes me hizo reaccionar y sentir que si
exitian soluciones y oportunidades para mi, que si todo iba mal aca en mi
casa podria recurrir a ustedes y salir adelante. Con mi pareja desiidimosque
era una estupidez lo que pensabamos y le pusimos ganas, nos hicimos los
valientes y "apechugamos" con nuestras familias. Al principio fue dificil,
pero con el tiempo todo se arreglo y hoy tenemos una hermosa y maravillosa
niñita de tres años que no solo nos roba el alma a nosotros sino a todo
quien la conoce.

Es por eso que quiero agradecerles, por que el solo hecho de saber que
ustedes estaban y que podria recurrir a ustedes en ese momento me dio lla
luz para afrontar todo, que en ese momento se ve negro, pero que despues es
lo mas maravilloso que nos puede pasar, un hijo.

Ahora estoy terminando mi carrera, perparando mi tesis de grado y con una
familia maravillosa. El ldia en que trabaje y tenga mi sueldo me inscribire
como socia, por el momento solo puedo decirles gracias, que dios los bendiga
y sigan adelante con su obra que en estos momentos debe ser un alivio para
muchas jovenes que como yo alguna vez pasamos por ese dificil momento.

 


 


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