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Testimonios
Programa Acoge una Vida
Embarazo no Deseado
Historia de un Aborto
Una Carta Testimonio
“Si Tú no Estuvieras, yo me Muero”
Yo Di a Luz un Regalo
Carta a la Fundación
Testimonio Llegado por Mail
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EMBARAZO
NO DESEADO
Lo
que la madre escondió durante años salió
a la luz cuando la hija quiso repetir el mismo error.
Con mucha fe y humildad ella pudo enfrentar su verdad,
perdonándose a sí misma
y pidiéndole perdón a los suyos. Su
decisión le sacó un gran peso de encima
y sirvió para enmendar caminos...
Temprano una mañana del verano recién
pasado sonó el teléfono 800 en la Fundación
Chile Unido. Era Gloria llamando por su hija María
José de 17 años que quería abortar
la guagua que dos semanas antes había confirmado
su llegada al mundo.
En la conversación salió que Gloria
tenía un drama propio. Ella misma se había
hecho un aborto veinte años atrás. Un
aborto que nadie supo, ni el papá de esa guagua
ni nadie en su familia. Un año después
Gloria se casó con un nuevo pololo, el papá
de María José y de sus cuatro hermanos
menores. El secreto de Gloria tampoco lo supo su marido.
“Yo le dije que no era virgen, cosa que no le
gustó y que en ese entonces amenazó
nuestra incipiente relación. Justamente debido
a su reacción tan negativa, no me atreví
nunca a decirle lo del aborto. Fue muy duro y triste
para mí. Puedo decir que nunca me he olvidado
de esa guaguita. Con cada nuevo hijo que nacía,
volvía a mi mente ese hijo que yo rechacé.
No exagero cuando digo que ha sido un cuchillo clavado
en mi corazón durante todos estos años
porque siempre he estado muy consciente de lo que
hice, yo maté a una criaturita inocente, lo
maté de la peor manera, por mi miedo y egoísmo”.
Por
lo vivido, Gloria afirma que fue un tremendo golpe
enterarse que ahora su hija estaba optando por el
aborto porque con su pololo se encontraban muy niños
para tener un hijo.
“Desde un comienzo yo le advertí a María
José sobre los pololeos largos siendo tan joven.
Nosotros somos católicos practicantes –
mi pecado yo lo confesé a un cura hace muchos
años y él me dijo que Dios me había
perdonado, aunque yo todavía seguía
sintiéndome mal por ello - y por eso le había
hablado a María José del peligro de
tener relaciones sexuales. Aunque yo sospechaba, no
me atreví a meterme.”
A María José un cierto día ya
no le vino más la regla. Su madre lo descubrió
casi de inmediato porque es ella la que lava toda
la ropa de la casa.
“Como es bien descuidada con sus cosas me fue
fácil pillarla. Le pregunté ese mismo
día cuando regresó del colegio y se
me largó a llorar. Yo pensé que me desmayaba
en ese momento. Yo sentí que era como un castigarme
yo misma. Me eché toda la culpa”.
A
Gloria se le fue aclarando lo que tenía que
hacer en cuestión de horas. Sabía que
había llegado el momento de enfrentar su verdad
como manera de proteger a su hija del acto que quería
cometer. La conversación con una orientadora
de Chile Unido le dio el valor y ánimo que
necesitaba. Para mayor fuerza fue a hablar con un
sacerdote de su parroquia que ella conocía
bien. El también pensó que había
llegado la hora para que contara su historia. “Me
dijo que me iba a sacar un peso de encima y que junto
con hacerlo iba a ayudar a mi hija. Recuerdo que me
llevó a los pies del altar, se hincó
a mi lado y juntos rezamos como veinte minutos. Yo
no paraba de llorar. Sí, de miedo, pero también
de emoción por lo que me estaba ocurriendo
porque ya estaba sintiendo una gran paz en mi interior”.
Gloria comenzó hablando con la hermana de su
marido con la cual es muy buena amiga. Después
habló con su marido. “Fue muy triste.
La pena no me dejaba hablar. Le había rezado
tanto al Espíritu Santo pidiéndole que
pusiera en mi boca las palabras correctas. Me mandó
mucha humildad y era justo lo que necesitaba. Sólo
con pena y humildad podía yo decirle a mi marido,
al cual amo con todo mi corazón, que yo le
había mentido y engañado durante toda
nuestra vida juntos. Su reacción fue también
un regalo de Dios. No hacía más que
abrazarme y llorar y llorar. Aunque nadie me crea,
fue maravilloso. Un pedir perdón y perdonar
como los que salen en los evangelios. Ahora él
me dice que su amor por mí aumentó al
doble. Yo lo encuentro un milagro. Tantos años
sufriendo lo indecible y bastó que pasara lo
de María José y yo me animara a hablar
para que todo se fuera arreglando”.
Al
día siguiente de la conversación –
o confesión – de Gloria, ella y su marido
hablaron con María José y su pololo.
Al principio no estaban seguros de hacerlo delante
del chiquillo, pero finalmente decidieron que sería
lo más conveniente. Como la noche anterior,
bastaron pocas palabras de Gloria para que empezaran
a correr las lágrimas de todos. Gloria contó
toda su historia, sin omitir detalle de cómo
y porqué había tomado esa triste decisión
veinte años atrás, del sufrimiento por
tener que guardar el secreto, de la angustia que le
fue carcomiendo el alma, como ella lo define. Luego
habló su marido y después ambos le rogaron
a la pareja joven que meditara su decisión
al tiempo que le ofrecían todo su apoyo y amor
para ayudarlos con la guaguita que estaba por nacer.
Hoy toda la familia espera ansiosa el mes de noviembre
cuando nacerá la guagua. Ya saben que es mujer
y le pondrán María Jesús.
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HISTORIA DE UN ABORTO
30 años después
A raíz del testimonio en un medio de comunicación
de una madre que había abortado,
recibimos el llamado de una mujer que se identificó
como Ana.
Ella nos contó la siguiente historia.
"Quedé muy impactada por el testimonio
de esa madre. Pensé que era el momento de contar
mi propia historia, mi propio calvario. Suena dramático,
pero así nomás ha sido desde que me
hice un aborto a los dieciocho años. Pueden
decir, pero hace tantos años. Sí de
acuerdo, pero el dolor, la vergüenza y el arrepentimiento
todavía están en mi corazón.
"El año 73, cuando me puse a pololear
por primera vez, yo vivía con mi hermana mayor,
casada y con tres niños pequeños. Ella
y su marido me llevaron a vivir a su casa cuando nuestros
padres murieron en un accidente a fines del 69. Jorge
me venía a ver todas las noches. Nos costaba
pololear porque la casa era chica, no había
privacidad y además mi hermana lo echaba, a
la buena, apenas terminábamos de comer. Al
principio aceptábamos esta situación,
pero muy pronto noté que Jorge comenzó
a aburrirse. Yo tenía terror que quisiera terminar
nuestro pololeo y por eso busqué una manera
de amarrarlo. Entonces abiertamente me ofrecí
a él y para eso tuve que engañar a mi
hermana haciéndome la que me iba a acostar
cuando en verdad me arrancaba por la ventana.
"Esto lo hacíamos por lo menos dos veces
a la semana y yo me sentía feliz porque había
recuperado el amor de Jorge. Y todo anduvo bien hasta
que quedé embarazada. De puro ingenuos que
éramos nunca habíamos pensado en esa
posibilidad. Ninguno de los dos se cuidó. Cuando
pasaban los días y no me venía la menstruación
me puse histérica.
Le exigía una explicación a Jorge. No
sé de qué, pero recuerdo que lo retaba
de puro susto que yo tenía. Y él se
enojaba porque yo me la pasaba llorando y yo me enojaba
porque no me consolaba ni tampoco me daba explicaciones
de lo que estaba pasando. Mirando para atrás
creo que estábamos como dos niños a
punto de ahogarse. Cuando pasó como una semana
y nada, yo le dije que fuéramos a un doctor,
pero no a un doctor conocido, porque me daba terror
encontrarme con alguien conocido que me preguntaría
que hacía yo en la consulta de un ginecólogo.
Nos fuimos a un médico en el centro que ubicamos
por las Páginas Amarillas.
"El confirmó el embarazo y acto seguido
insinuó la posibilidad de un aborto. Yo después
reflexioné que claro, él se dio cuenta
que éramos dos personas asustadas. Mi miedo
era defraudar a mi hermana. Me iba a pillar la mentira,
las escapadas nocturnas y que yo estaba teniendo relaciones
sexuales. Yo sabía que sería un golpe
tremendo para ella y que además le significaría
enfrentar a la familia y la sociedad. Ella tendría
que dar la cara por mí porque por último
yo era menor de edad a cargo de ella. En otras palabras,
ella era responsable por mí y mi embarazo significaba
que ella había fallado en cuidarme.
"Todas estas ideas me daban vueltas. Yo no pensaba
en ese momento en la guagua sino en mi hermana, en
cómo me iba a retar por la vergüenza que
yo le estaba causando. Y así cuando el doctor
dijo aborto yo altiro pensé: puedo evitar este
tremendo problema familiar. Fue eso lo que pensé.
No recuerdo cómo siguió la conversación
con el doctor. Sólo sé que yo sentí
un alivio en ese momento porque me estaban presentando
una solución que terminaría con mi pánico.
"De verdad no recuerdo los pasos siguientes.
Como que me bloqueé. La cosa es que tuvimos
que juntar la plata que era harta. Pedimos prestado
y yo vendí un candelabro de plata que había
heredado. Como lo tenía empaquetado en una
caja mi hermana no sé dio cuenta. Años
después me preguntó y yo me hice la
tonta que no sabía dónde lo había
dejado.
"El doctor nos citó a una clínica
clandestina. Todo lo tengo medio borrado. Como que
a propósito no quise registrar nada. Cuando
desperté de la anestesia estaba sola en una
pieza. Lo único que quería era morirme,
parece que ahí empecé a caer en la cuenta
de lo que había hecho. Jorge me llevó
a casa y le dijo a mi hermana que no me sentía
bien, que mejor me acostara. A la mañana siguiente
desperté con fiebre y en la noche yo deliraba.
Después supe que mi hermana llamó al
pediatra de los niños y él le dijo que
me llevara a la clínica. Aunque parece insólito,
me operaron de apendicitis. Nunca supe – y nunca
he querido saber – cómo se llegó
a esa decisión. Lo único que sé
es que dos días más tarde yo estaba
de vuelta en mi casa sin fiebre ni dolores y sintiendo
un alivio tremendo porque mi hermana no me había
pillado. Pero a medida que me sentía con más
fuerzas, el ánimo me empezó a fallar.
Me cayó la teja de lo que había hecho.
Por primera vez pensé en la guaguita que yo
había dejado que mataran. Al principio culpé
a Jorge, luego al doctor, y luego me di cuenta que
la responsable era yo misma. Desde que me propuse
seducir a Jorge todo anduvo mal. Esa decisión
mía tuvo pésimas consecuencias porque
me fui metiendo en un espiral de mentiras y acontecimientos
que terminaron en el aborto de mi guaguita.
"Y ni siquiera terminó ahí: Se
puede decir que presioné a Jorge para que nos
casáramos. El no quería, pero yo le
dije que habíamos vivido una experiencia muy
fuerte y que ésta nos uniría para toda
la vida. Por supuesto que no fue así. Nuestro
matrimonio duró cinco horribles años
en que lo único que hicimos fue sacarnos en
cara lo que nos había pasado.
"Cuando quedé esperando a nuestra primera
hija yo reviví todo lo de mi guaguita anterior.
Me pasé el embarazo con una terrible sensación
de culpa y remordimiento, también de susto
que se me iba a morir como castigo por haber matado
a la otra. Con la segunda guagua fue igual. Y seguí
deprimida a pesar de tener dos niñitas sanas
y preciosas. Sólo pensaba en mi primera guagua,
el cual yo estaba segura era hombre. Soñaba
con él. Despertaba en la mitad de la noche
llorando. Fui a hablar con un cura. Por un lado fue
un alivio contar lo que había hecho ya que
con Jorge nunca más tocamos el tema. El padre
me dijo que Dios me había perdonado, pero yo
hasta el día de hoy no me perdono a mí
misma por haber matado a ese hijo. Me siento mala
persona, pecadora e indigna. No me permito ser feliz.
Siento que no me lo merezco. Como dije, las consecuencias
de ese hecho han sido un calvario porque he vivido
reprimida con la culpa viva y la auto estima por el
suelo.
"Cuando leí la historia de Gloria me di
cuenta que yo tenía que cambiar. Debo sacar
fuerzas y darle un poco de luz a mi vida. Después
de llamar a Chile Unido, de contar mi historia y de
aceptar que me la publicaran, fui a hablar con mi
hermana. Su reacción, en un principio, fue
de espanto. Algo se acordaba de mi apendicitis. "¿Pero
cómo no me dijiste?" Yo le expliqué
que para ella hubiera sido terrible tener una hermana
madre soltera. "De alguna forma habríamos
salido adelante", me contestó. Me acogió
y dijo sentir una pena enorme de saber que yo llevaba
treinta años con "este secreto metido
en tu mente y corazón". Lloramos mucho
las dos. Ahora ella me recomienda contarle a mis hijas
y creo que sí lo haré una vez que me
sienta más en paz conmigo misma. Ha pasado
muy poco tiempo desde que decidí contar lo
ocurrido, estoy como recién despertando después
de treinta años de letargo. Todavía
me encuentro en etapa de reparación. Sólo
le pido a Dios y a mi hijo que me perdonen y que me
ayuden a encontrar la añorada paz. Quiero sanar
mi herida. Lleva demasiado tiempo sangrando en mi
interior.
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UNA
CARTA TESTIMONIO
El pasado mes de octubre llegó
a la Fundación Chile Unido la siguiente carta.
Como dicen sus autores, Sergio y Graciela, padre y
madre de una niña de 14 años,
“es un intento de resumir nuestra experiencia
con el objetivo de agradecer
todo el apoyo brindado a nuestra familia con relación
al embarazo de nuestra hija Andrea”.
El 8 de febrero del presente año nos enteramos
que nuestra hija Andrea de 14 años estaba embarazada.
Lo primero que sentimos fue que el mundo se nos venía
encima. Nos inundaron sentimientos de rabia, de pena
infinita por ella, de frustración terrible,
de fracaso nuestro como padres, como protectores y
maestros de nuestra hija, de desesperanza por esta
traumática noticia. Pensamos, en ese momento,
que nuestra hija se arruinaba la vida para siempre
y que a nosotros se nos quebraba el alma y el corazón,
también para siempre. No podíamos creer
lo que nos estaba pasando. Pensábamos que todo
era un mal sueño. Pero no, para nuestra desgracia,
debíamos hacerle frente a una realidad.
Teníamos la obligación como padres de
enfrentar esta situación, la más difícil
y dolorosa de nuestra existencia.
Desde un principio optamos por la vida. A lo ocurrido,
¿cómo agregar un nuevo error y un nuevo
dolor? El aborto nunca estuvo en nuestra mente. Pero
igual no sabíamos qué hacer. Buscamos
en internet. Lo encontrado era aterrador. Significaba
mortalidad, discriminación social y escolar,
todo lo cual no hizo otra cosa que intensificar nuestra
angustia. En ese momento recibimos como una luz del
Espíritu Santo y encontramos una página
web que nos dio esperanza. La página era de
la Fundación Chile Unido. Sin saber nada de
esta institución, llamamos al número
800-572-800 Jamás podremos olvidar la frase
con que nos atendieron: “Chile Unido te acoge,
en qué te podemos ayudar”. En ese instante
ya nos sentimos acogidos y contenidos. Sentimos por
sobre todo, que alguien se interesaba en nuestro drama,
que alguien se interesaba en lo que estábamos
viviendo, que alguien quería iluminarnos un
poco el camino. La persona que nos atendió
se transformó en el pilar fundamental de nuestras
vidas. Ella estuvo a nuestro lado durante todo el
proceso que recién comenzábamos a vivir.
Personalmente nos atendió y nos fortaleció,
como individuos y como familia. A ella llegamos destrozados
– y no exageramos -, llorando con nuestra pequeña
hija de sólo 14 años y embarazada. La
primera reunión con ella duró aproximadamente
cuatro horas. Sentimos que nos escuchó, que
sabía lo que estábamos pasando, que
entendía nuestro dolor y temor. Los minutos
pasaban y ella seguía ahí, escuchándonos,
acogiéndonos, dándonos su comprensión,
su apoyo, su confianza de que esto no era el fin del
mundo, que teníamos que tener fe y fortaleza.
A ella parecía no importarle el tiempo. Lo
fundamental era acompañarnos y acogernos, brindándonos
minuto a minuto esperanza en cada una de sus palabras.
En la mediada que transcurría el tiempo, nuestra
sensación de estar perdidos en la angustia
se iba disipando.
Nos contactó con una serie de profesionales:
psiquiatra, abogado y ginecólogo, personas
que colaboran en forma desinteresada con la Fundación.
Este contacto nos permitió abordar nuestro
‘problema’ en forma integral. Con el transcurrir
del tiempo nos fuimos sintiendo más acompañados.
Nuestro ‘problema’ no era exclusivo nuestro.
Nos dimos cuenta que muchos padres sufren esta misma
angustia. Ojalá todos supieran la existencia
de Chile Unido. A nosotros, y nos imaginamos que a
todos los que llaman, nos atendieron cálidamente
en todo momento. Al punto que nuestra visión
terriblemente pesimista y doliente se transformó
en optimista y esperanzadora. Y algo más que
descubrimos y que queremos compartir; a medida que
el tiempo pasaba, fuimos descubriendo que nuestra
familia se unía aún más. El dolor
y la angustia estaban produciendo puntos de unión,
de amor y de comprensión.
Ya más reconfortados, vino la segunda etapa,
enfrentar al colegio de nuestra hija Andrea. Después
de las conversaciones con Chile Unido, ambos sentíamos
que contábamos con las herramientas internas
para dar la cara frente a nuestro medio. En el colegio
nunca se había presentado el caso de una alumna
embarazada, lo que hacía más difícil
aún nuestra situación. Nos recibió
el director del Colegio Pedro de Valdivia de Peñalolén,
quien, para nuestra gran sorpresa, nos dio el respaldo
absoluto de toda la comunidad escolar: director, profesores,
apoderados y, especialmente alumnos. Nuestra hija
podía volver al colegio. Sería acogida,
no marginada, por sus pares y por sus profesores.
Debemos confesar que ese día lloramos por la
emoción de ver que los caminos se abrían
para un mejor futuro. Nos sentimos orgullosos de nuestro
colegio. Queremos decir que se preocuparon de brindar
las mejores condiciones para que nuestra hija volviese.
Se esforzaron al máximo en apoyarnos por haber
optado por la vida.
Nuestra hija y nosotros nos sentimos acogidos, comprendidos,
queridos y acompañados. Pero, debemos decir,
cada uno de estos pasos no los dimos solos. En cada
reunión y decisión estaba Chile Unido
a nuestro lado, alentándonos y apoyándonos
minuto a minuto. Dicho en pocas palabras, se involucraron
con nosotros en el sentido más amplio de la
palabra.
Andrea cumplió 15 años en pleno invierno.
Llovía ese día, pero el agua no fue
obstáculo para festejar a nuestra hija que
muy pronto sería madre. Para ello contamos
con las alumnas del Colegio Cumbre que, a través
de la Fundación Chile Unido, brindan apoyo
y compañía a niñitas que esperan
guaguita durante todo el proceso de su embarazo. Ellas
estuvieron a nuestro lado ese día. Y es en
esos momentos donde uno constata el cariño
verdadero. Con estas chiquillas tuvimos reuniones
mensuales, lo que nos sirvió para compartir
con ellas y con otras madres y sus hijas que estaban
pasando por la misma situación que nosotros.
No importaba la condición social, económica
o religiosa; en ese momento éramos todos iguales
y nos unía nuestro más profundo deseo
de sacar adelante a nuestras hijas adolescentes.
El 24 de agosto nació nuestro querido nieto
Benjamín; un bebé hermoso, que llegó
a este mundo rodeado de mucho cariño, gracias
al apoyo de personas desinteresadas que han permitido
el bienestar emocional y físico de su mamá,
nuestra hija.
Ver a Benjamín crecer y ver a Andrea desenvolverse
como mamá ha sido una emoción muy grande
para nosotros como abuelos y como padres. Estamos
seguros que sin el apoyo incondicional de la Fundación
Chile Unido y la de toda la gente que de alguna manera
coopera con esta institución que apoya la vida,
el resultado de este traumático proceso no
hubiese sido el mismo. Nos han ayudado a enfrentar,
asumir y vivir con fe cada paso del embarazo de nuestra
hija. Hoy vemos con optimismo el futuro de Andrea
y de su pequeño hijo Benjamín.
Esperamos que nuestro testimonio sea un incentivo
para otras adolescentes y sus familias. Lo que más
nos gustaría es que esta noble causa perdure
en el tiempo y ayude y rescate a tantas niñitas
que a temprana edad quedan embarazadas. A ellas queremos
decirles que llamen a la Fundación. Ahí
serán acogidas. Recibirán consuelo,
consejo y cariño. Recibirán esperanza
y ello las hará optar por la vida del hijo
que esperan.
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“SI TU NO ESTUVIERAS,
YO ME MUERO”
El
abortar un hijo es irreversible y el dolor puede acompañarnos
de por vida.
En la Fundación Chile Unido somos testigos
continuamente del dolor tanto de una madre como de
un padre por la muerte provocada de un hijo. En el
día del padre, relataremos el caso de Luis,
el cual asumió su paternidad y no cesa de dar
gracias por ello.
Brenda
tiene 18 años, cursa 4ª Medio le gustaría
estudiar pedagogía. Luis tiene 21 años
y estudia Ingeniería mecánica. Hace
un año 3 meses que están pololeando
y se quieren mucho. Luis nos cuenta: “Los dos
estabamos llenos de proyectos en nuestra vida y se
nos presentó el hecho de que Brenda se embarazó.
Se nos vino el mundo encima, e inmediatamente pensé
que se nos arruinaba la vida por lo que le propuse
a Brenda que se hiciera un aborto, que yo no pensaba
apechugar con la guaguita ya que éramos muy
jóvenes para ser padres. Le ofrecí pagarle
el doctor y además acompañarla. Brenda
dijo que lo iba a pensar ya que tampoco veía
otra solución. Tenía mucho miedo a la
reacción de sus padres ya que son muy estrictos
y además ella es hija única.”
Brenda vio un programa de TV donde aparecía
alguien explicando lo que era la Fundación
Chile Unido y la labor que allí hacían.
Después de llamar varias veces y cortar se
decidió a hablar. La atendió una persona
que la acogió muy bien, conversaron largamente
ya que le explicaron en que consistía el aborto,
como se realizaba y las consecuencias físicas
y psicológicas que esto producía. Brenda
se asustó y de alguna manera tuvo razones para
no hacer algo que muy dentro de ella, no quería
hacer. Le propusieron que hablara conmigo y fuéramos
los dos a conversar con una Orientadora Familiar.
Yo me negué de plano, ya que no estaba en mis
planes asumir un cambio tan drástico de vida,
no me sentía preparado, hasta dudé si
realmente quería a la Brenda. Ella lloró
mucho y me dijo que yo era una desilusión para
ella, ya que no quería seguir al lado de alguien
que no fuera capaz de apoyarla. Nos distanciamos,
al comienzo me dio lo mismo, que ella se las arreglará
con su decisión, pero después no podía
dejar de pensar en ella, la echaba de menos, sufría
por lo que podía sufrir ella, me preguntaba
por lo que habría hecho con el embarazo.........me
di cuenta que la quería demasiado y la fui
a buscar. Brenda estaba muy dolida y me contó
que había seguido en contacto con la Fundación
y que estaba decidida a seguir adelante con el embarazo
que todavía no se había atrevido a hablar
con sus padres. Me propuso que fuéramos a hablar
a la Fundación y decidí hacerlo. Fue
super bueno, por que si bien yo no quería que
llegara esa guagua, pude darme cuenta que la Brenda
si quería y en realidad pensé en darle
una oportunidad. Nos consiguió una hora gratis
para ecografía. Quedamos tan impresionados
al ver a nuestro hijo moviéndose y ver que
era una personita parte de los dos, que lloré
de emoción y decidimos que enfrentaríamos
a nuestros padres y que aunque nos sacáramos
la mugre íbamos a salir adelante con nuestro
bebe.
Brenda se fue a vivir conmigo por que sus padres no
la apoyaron. Por suerte mis viejos se la han jugado
por nosotros y contamos con todo su apoyo.
Yo inmediatamente me puse a estudiar vespertino y
comencé a trabajar en un taller mecánico.
La Brenda fue engordando y fuimos viendo como nuestro
hijo iba creciendo y junto con ello también
nuestra relación y nuestro amor.
Hoy veo al Sebastián que ya tiene 1 año
y me dice papá. Sé que ha sido duro,
he tenido que salir adelante con mucho esfuerzo, quizás
si él no estuviera podría tener más
tiempo para mí, no habría tenido que
sacarme la mugre, podría haber estudiado con
más calma, pero ha sido para mejor, soy mejor
persona y siento que si él no estuviera, yo
me moriría. |
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YO DI A LUZ UN REGALO
Después de
entregar a su hijo en adopción, se le pidió
a esta joven madre que le escribiera una carta de
despedida, contando las razones que la llevaron a
tomar tal decisión.
Cada palabra fue escrita por ella, incluso el título.
A continuación viene lo que ella llamó
“mi testimonio de miedo y valentía, de
mi silencio y esperanza”
No
quiero hablar de mi hijo. Aquí le diré
mi guagua porque no alcanzó a ser mi hijo.
Yo tengo 16 años y hace poco me nació
una guagua que no quise conocer. Mi historia empieza
cuando me dieron algo a tomar en una fiesta y desperté
media desnuda y con mucho dolor entre las piernas.
Yo había tenido relaciones una sola vez un
año antes. No me gustó porque el gallo
fue re brusco y ahora me pasa esto. Supe altiro que
había sido violada por uno o dos, nunca lo
sabré. Me sentí sucia, terriblemente
humillada y muy asustada que me pillara mi mamá
por lo estricta que es. Menos mal no se dio cuenta.
Anduve media escondida con mi herida y vergüenza
y luego cuando no me vino la regla, se me vino más
encima el miedo. Nunca pensé en abortar pues
una tía se hizo un aborto cuando yo tenía
como trece años y se agarró una infección
que todos en la casa supimos lo que se había
hecho. Yo lo encontré horrible. Mató
a su guaguita y casi se murió ella porque estaba
de más de tres meses. Me acuerdo de todo lo
que sangró. Por eso, al recordar lo de la tía,
yo nunca pensé en hacerme un aborto. No hablé
nunca con nadie por miedo. Si yo le contaba a una
amiga, a ella se le podía salir y yo no me
podía arriesgar a eso. Viví con el silencio
y con mucho miedo. Menos mal no me vinieron esos mareos
que dicen ni ninguna cosa y como soy flaca, no se
me notaba nada.
Como a los tres meses ya me había tranquilizado
un poco más y me atreví a pensar ya
en la guagua. Como que la sentía dentro de
mí aunque dicen que esto no es posible hasta
los cuatro meses. Qué voy a hacer contigo mi
guaguita, no puedo tenerte porque soy muy joven, no
termino aún el colegio y mi mamá me
pega si sabe que te tengo dentro de mí. Por
ti y por lo que yo dejé me pasara en esa fiesta.
Yo no tuve la culpa, pero ella no me entendería
y jamás me daría su perdón. ¿Qué
hago entonces contigo mi guagua? No te quiero matar.
Te quiero dar vida porque mereces vivir y saber de
qué se trata la vida. Quiero que veas el sol
y seas alegre. Un niño feliz quiero que seas.
Lo malo es que no puedo entregarte la felicidad. Me
siento tan sola, abandonada, tengo tanto miedo que
sólo te haré infeliz. No puedo cuidarte,
tengo que seguir estudiando.
La idea de entregar a mi guagua para que otra gente
la adoptara siempre estuvo en mi cabeza. Pero estaba
tan paralizada por el miedo que no podía tener
claridad para pensar. Recién como a los cinco
meses de mi embarazo me atreví a ir a un consultorio.
No me querían atender porque no tenía
dirección en esa zona. Una señora que
era matrona me vio muy afligida por mi embarazo y
por eso me contactó con la Fundación
Chile Unido. Llamé y ahí fue la primera
vez que pude hablar sobre lo que me pasó. Me
ayudaron cualquier cantidad y me pusieron en contacto
con la gente que ve lo de la adopción. Estaba
súper aliviada porque vi que querían
ayudarme y nadie ahí me juzgaba. Se me empezó
a pasar un tanto el susto.
Me vine a Santiago. Le dije a mi mamá que me
iría a unos talleres de invierno. Mi mamá
se creyó el cuento. No me explico cómo
con lo preguntona que es. Yo estaba de casi ocho meses
y me cabían mis jeans que me ponía con
un polar grande encima. Aunque tenía calor
me aguantaba. Pero no tenía calor porque pasaba
con frío de puro nervio.
Igual yo todo el tiempo le hablaba a mi guaguita.
Te voy a regalar a unas personas que te van a adoptar
y te van a querer y cuidar mejor que yo. Van a ser
muy buenos contigo. Ojalá te den hartos hermanitos
para que puedas jugar. Te van a dar ropita y juguetes
y van a tener una casa bonita con jardín. Cosas
así yo le conversaba a mi guagua. La matrona
siempre me decía convérsale nomás,
te puede escuchar.
Me fui a un hogar con más niñas como
yo. Eramos 23 en total, pero yo no hablaba con nadie,
sólo lo justo y necesario para no pasar por
mal educada. No dormía bien pensando si mi
mamá viene a Santiago y pasa por aquí
y me pilla que no fui al campamento ese. Mi mamá
me había dado 5 mil pesos y la matrona me dijo
con esa plata cómprale algo a tu guaguita y
yo fui y le compré un paquete de hartos pañales
y una mamadera para que le dieran leche. Con lo que
sobró me compré un pinche porque el
pelo se me metía a la cara de puro largo que
estaba y me molestaba.
Justo un día cuando estaba comiendo se me rompió
la bolsa de agua y me llevaron al hospital. Me decía
tranquila y yo tiritaba como un pollo. Mi guagua nació
al día siguiente. Fue súper largo el
parto. Yo a la matrona le había dicho que no
me la mostraran, que si la veía me iba a encariñar
con ella y yo no quería eso. Y así nomás
fue. Oí cuando lloró y sería
todo.
Algunas personas fueron bien crueles conmigo, me decían
cómo entregaste a tu guagua, que no la quisiste
ni ver. Qué saben ellos del sufrimiento que
yo padecía. No me interesa si me entienden
a no, para mí la cuestión es así,
yo amé a mi guagua, dejé que viviera
pues no la maté con un aborto como otras mujeres.
Durante nueve meses la alimenté y cuidé,
hasta le canté, y si la regalé para
la adopción fue con una pena muy grande, pero
también con mucha valentía por mi parte
y mucha esperanza por su futuro, porque como yo lo
veo, conmigo lo iba a pasar mal y yo a cambio le regalé
una vida de más ventajas y más plena
con padres que la van a querer porque la eligieron
como propia. Si bien yo no elegí mi situación,
aprendí que debo cuidarme más, saber
donde voy, no tomar y he pensado mucho en mi futuro,
en que de alguna forma yo soy responsable de lo que
me pasa. Debo salir adelante a pesar de todo lo que
me ha pasado y por mi guaguita hacer que mi vida valga
la pena.
Sé que mi guagua es hombre y yo pedí
a la gente del hogar que me vieran bien en qué
manos quedaba. Quiero que quieran a mi guagua y me
prometieron que así era siempre. Yo quiero
pensar que fui sincera y valiente, que no le torcí
el destino a esa guagua ni la abandone como me dijeron
en el hospital.
Ahora vuelvo a mi casa y todo seguirá como
antes. Sólo mi corazón guardará
un secreto que nadie nunca conocerá. Me dijeron
que los hijos adoptados a veces vuelven a buscar a
sus madres. Si es así, yo le deseo a mi guagua
que si él quiere nos encontremos ya más
adelante cuando los dos tengamos nuestras familias
y seamos felices.
Que mi guaguita me perdone porque lo regalé.
Sólo por amor lo hice y creo que va a recibir
amor, así como esa historia que leí
en una revista de una señora que adoptó
tres niños abandonados. Recorté su foto.
Es bonita y me gustaría que así fuera
la mamá de mi guaguita. No sé qué
más escribir en esta carta. Sólo que
soy feliz por mi guagua porque está viva y
con los padres que la van a tener para siempre.
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11 de Octubre de 2002.
Fundación
Chile Unido
Santiago
Presente
Desde niña me ha gustado escribir. Por lo tanto
aquí les envío con mucho cariño
una de mis máximas obras que dediqué
hace algún tiempo a una querida amiga, a quien
la perdí ya que ella en su arrepentimiento
me dijo que por qué no la acusé con
sus padres antes de tomar esa mala decisión,
pero yo por respeto y lealtad preferí guardar
silencio, sin embargo igual sufrí junto con
ella después de la desgracia y nos alejamos
para siempre. En medio de mi dolor le dediqué
este poema ( a los dos: madre e hijo), y sé
que ese angelito nos ha perdonado a ambas.
Ojalá ustedes lo publiquen y se los enseñen
a las jóvenes, para que vean que elegir la
vida siempre ha sido y será mejor.
Lo presenté en un concurso organizado por un
Consultorio de Salud, y gané el tercer lugar.
Aunque estoy segura de que llega a un primer lugar
en muchos corazones.
Espero les guste y tenga buena acogida.
Me despido atentamente de ustedes
Erase
una vez la vida
Hijo mío, angelito misionero,
te ofrezco las lágrimas de mi sufrimiento.
Porque una fría noche (fría como mis
pensamientos),
tomé la peor decisión de mi vida en
fatídicos momentos.
Te
juro que no sabia lo que hacia, ni a lo que iba,
ya que empezó mi amargo arrepentimiento en
menos de un día.
Sentimiento de culpa que aturdió mi vida,
oscureció mi conciencia, espantó mi
alegría.
Todos
se dieron cuenta de que estaba tan retraída,
faltaba el brillo en mis ojos, el cual se opacó
con tu partida.
Porque viniste al mundo cuando menos te esperaba
y me reencontré contigo cuando ya no existías,
éste vacío ha destruido mi alma,
me tiene sumergida en una pena infinita.
De
tu inocencia yo misma me privé,
de verte reír, jugar y crecer.
Te negué estrecharte entre mis brazos, ver
la luz del sol,
el cariño de tus abuelo, compartir todo a mí
alrededor.
Reconocer
esto hace un nudo en mi garganta
al comprender que no supe recibir a un angelito que
Dios manda.
Ya que no acunó tu lecho suaves algodones,
ni jazmines perfumaron tu sien,
cada uno de mis suspiros te suplica “hijo mío
perdóname,
tal vez muy en el fondo lo hice por tu bien.”
Aún
así vivo arrepentida, angustiada por el remordimiento,
debido a que esto es lo peor de mi vida y me causa
tanto tormento.
¡Oh Dios mío! no sé qué
hacer, ni dónde ir!
Con esta desorientación, ¿qué
clase de existencia he de vivir?
Si existes, perdóname, si perdonas, ayúdame.
Creo en Ti y en todo tu Santo Reino,
por favor les pido de corazón, ¡reciban
mi sufrimiento!
Tengan a mi angelito, allá en vuestro hermoso
cielo,
añoro algún día poder acunarlo,
estrecharlo contra mi pecho.
Decirle: mira mi amor como me tienes,
envuelta en redes de dolor,
solo tu perdón es mi liberación.
Mamita: yo ya te perdoné, hace tiempo que te
comprendo,
no sufras por que tus lagrimas han sido mi leche,
y no he fallecido, ya que viviré para siempre
gracias a tus recuerdos.
Te ama y espera…..tu hijo Alexis Daniel.
Hijo
mío, mi rey, aunque este mundo llegue a su
fin,
y será un final feliz,
yo me apartaré en un rincón,
para reflexionar y pensar en ti.
Cariñosamente….tu madre que te adora.
Victoria
del Alba.
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TESTIMONIO LLEGADO POR
MAIL
Hace
mucho tiempo que sentia la necesidad de comunicarme
con ustedes para
contarles un poquito mi h istoria, que indirectamente
esta muy relacionada
con ustedes.
Yo quede embarazada en el año 2000, estaba
en segundo año de mi carrera en
la universidad y en cierto modo siempre fui la esperanza
y el orgullo de mi
familia. Cuando supe lo de mi embarazo me queria morir,
no podia aceptar el
hecho de tener que causar ese dolor a mis papas. La
verdad es que algo me
decia que yo queria ese hijo, pero el miedo a mis
papas, al futuro (ese que
ya no seria com oyo lo habia planeado) y a todo lo
que se vendria me tenia
tan mal que pense en el aborto como opcion, como opcion
fuerte. Estaba
desesperada y con mi pololo, que estaba igual que
yo empezamos a averiguar,
nunca llegamos a nada concreto, solo datos vagos.
Es aqui donde aparecen
ustedes, o mas bien esa gran campaña televisiva
que hicieron ese momento,
especialmente el "si tu no estubieras".
Antes la habia visto muchas veces,
pero en ese momento fue como la voz que me dijo basta!!!
Y me trajo a la
tierra, cada vez que lo veia lloraba y en cierto modo
el saber que existia
una institucion como la de ustedes me hizo reaccionar
y sentir que si
exitian soluciones y oportunidades para mi, que si
todo iba mal aca en mi
casa podria recurrir a ustedes y salir adelante. Con
mi pareja desiidimosque
era una estupidez lo que pensabamos y le pusimos ganas,
nos hicimos los
valientes y "apechugamos" con nuestras familias.
Al principio fue dificil,
pero con el tiempo todo se arreglo y hoy tenemos una
hermosa y maravillosa
niñita de tres años que no solo nos
roba el alma a nosotros sino a todo
quien la conoce.
Es por eso que quiero agradecerles, por que el solo
hecho de saber que
ustedes estaban y que podria recurrir a ustedes en
ese momento me dio lla
luz para afrontar todo, que en ese momento se ve negro,
pero que despues es
lo mas maravilloso que nos puede pasar, un hijo.
Ahora estoy terminando mi carrera, perparando mi tesis
de grado y con una
familia maravillosa. El ldia en que trabaje y tenga
mi sueldo me inscribire
como socia, por el momento solo puedo decirles gracias,
que dios los bendiga
y sigan adelante con su obra que en estos momentos
debe ser un alivio para
muchas jovenes que como yo alguna vez pasamos por
ese dificil momento.
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