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Después de entregar a su hijo en adopción,
se le pidió a esta joven madre que le escribiera
una carta de despedida, contando las razones que la llevaron
a tomar tal decisión.
Cada palabra fue escrita por ella, incluso el título.
A continuación viene lo que ella llamó “mi
testimonio de miedo y valentía, de mi silencio
y esperanza”
No quiero hablar de mi hijo. Aquí le diré
mi guagua porque no alcanzó a ser mi hijo. Yo tengo
16 años y hace poco me nació una guagua
que no quise conocer. Mi historia empieza cuando me dieron
algo a tomar en una fiesta y desperté media desnuda
y con mucho dolor entre las piernas. Yo había tenido
relaciones una sola vez un año antes. No me gustó
porque el gallo fue re brusco y ahora me pasa esto. Supe
altiro que había sido violada por uno o dos, nunca
lo sabré. Me sentí sucia, terriblemente
humillada y muy asustada que me pillara mi mamá
por lo estricta que es. Menos mal no se dio cuenta. Anduve
media escondida con mi herida y vergüenza y luego
cuando no me vino la regla, se me vino más encima
el miedo. Nunca pensé en abortar pues una tía
se hizo un aborto cuando yo tenía como trece años
y se agarró una infección que todos en la
casa supimos lo que se había hecho. Yo lo encontré
horrible. Mató a su guaguita y casi se murió
ella porque estaba de más de tres meses. Me acuerdo
de todo lo que sangró. Por eso, al recordar lo
de la tía, yo nunca pensé en hacerme un
aborto. No hablé nunca con nadie por miedo. Si
yo le contaba a una amiga, a ella se le podía salir
y yo no me podía arriesgar a eso. Viví con
el silencio y con mucho miedo. Menos mal no me vinieron
esos mareos que dicen ni ninguna cosa y como soy flaca,
no se me notaba nada.
Como a los tres meses ya me había tranquilizado
un poco más y me atreví a pensar ya en la
guagua. Como que la sentía dentro de mí
aunque dicen que esto no es posible hasta los cuatro meses.
Qué voy a hacer contigo mi guaguita, no puedo tenerte
porque soy muy joven, no termino aún el colegio
y mi mamá me pega si sabe que te tengo dentro de
mí. Por ti y por lo que yo dejé me pasara
en esa fiesta. Yo no tuve la culpa, pero ella no me entendería
y jamás me daría su perdón. ¿Qué
hago entonces contigo mi guagua? No te quiero matar. Te
quiero dar vida porque mereces vivir y saber de qué
se trata la vida. Quiero que veas el sol y seas alegre.
Un niño feliz quiero que seas. Lo malo es que no
puedo entregarte la felicidad. Me siento tan sola, abandonada,
tengo tanto miedo que sólo te haré infeliz.
No puedo cuidarte, tengo que seguir estudiando.
La idea de entregar a mi guagua para que otra gente la
adoptara siempre estuvo en mi cabeza. Pero estaba tan
paralizada por el miedo que no podía tener claridad
para pensar. Recién como a los cinco meses de mi
embarazo me atreví a ir a un consultorio. No me
querían atender porque no tenía dirección
en esa zona. Una señora que era matrona me vio
muy afligida por mi embarazo y por eso me contactó
con la Fundación Chile Unido. Llamé y ahí
fue la primera vez que pude hablar sobre lo que me pasó.
Me ayudaron cualquier cantidad y me pusieron en contacto
con la gente que ve lo de la adopción. Estaba súper
aliviada porque vi que querían ayudarme y nadie
ahí me juzgaba. Se me empezó a pasar un
tanto el susto.
Me vine a Santiago. Le dije a mi mamá que me iría
a unos talleres de invierno. Mi mamá se creyó
el cuento. No me explico cómo con lo preguntona
que es. Yo estaba de casi ocho meses y me cabían
mis jeans que me ponía con un polar grande encima.
Aunque tenía calor me aguantaba. Pero no tenía
calor porque pasaba con frío de puro nervio.
Igual yo todo el tiempo le hablaba a mi guaguita. Te voy
a regalar a unas personas que te van a adoptar y te van
a querer y cuidar mejor que yo. Van a ser muy buenos contigo.
Ojalá te den hartos hermanitos para que puedas
jugar. Te van a dar ropita y juguetes y van a tener una
casa bonita con jardín. Cosas así yo le
conversaba a mi guagua. La matrona siempre me decía
convérsale nomás, te puede escuchar.
Me fui a un hogar con más niñas como yo.
Eramos 23 en total, pero yo no hablaba con nadie, sólo
lo justo y necesario para no pasar por mal educada. No
dormía bien pensando si mi mamá viene a
Santiago y pasa por aquí y me pilla que no fui
al campamento ese. Mi mamá me había dado
5 mil pesos y la matrona me dijo con esa plata cómprale
algo a tu guaguita y yo fui y le compré un paquete
de hartos pañales y una mamadera para que le dieran
leche. Con lo que sobró me compré un pinche
porque el pelo se me metía a la cara de puro largo
que estaba y me molestaba.
Justo un día cuando estaba comiendo se me rompió
la bolsa de agua y me llevaron al hospital. Me decía
tranquila y yo tiritaba como un pollo. Mi guagua nació
al día siguiente. Fue súper largo el parto.
Yo a la matrona le había dicho que no me la mostraran,
que si la veía me iba a encariñar con ella
y yo no quería eso. Y así nomás fue.
Oí cuando lloró y sería todo.
Algunas personas fueron bien crueles conmigo, me decían
cómo entregaste a tu guagua, que no la quisiste
ni ver. Qué saben ellos del sufrimiento que yo
padecía. No me interesa si me entienden a no, para
mí la cuestión es así, yo amé
a mi guagua, dejé que viviera pues no la maté
con un aborto como otras mujeres. Durante nueve meses
la alimenté y cuidé, hasta le canté,
y si la regalé para la adopción fue con
una pena muy grande, pero también con mucha valentía
por mi parte y mucha esperanza por su futuro, porque como
yo lo veo, conmigo lo iba a pasar mal y yo a cambio le
regalé una vida de más ventajas y más
plena con padres que la van a querer porque la eligieron
como propia. Si bien yo no elegí mi situación,
aprendí que debo cuidarme más, saber donde
voy, no tomar y he pensado mucho en mi futuro, en que
de alguna forma yo soy responsable de lo que me pasa.
Debo salir adelante a pesar de todo lo que me ha pasado
y por mi guaguita hacer que mi vida valga la pena.
Sé que mi guagua es hombre y yo pedí a la
gente del hogar que me vieran bien en qué manos
quedaba. Quiero que quieran a mi guagua y me prometieron
que así era siempre. Yo quiero pensar que fui sincera
y valiente, que no le torcí el destino a esa guagua
ni la abandone como me dijeron en el hospital.
Ahora vuelvo a mi casa y todo seguirá como antes.
Sólo mi corazón guardará un secreto
que nadie nunca conocerá. Me dijeron que los hijos
adoptados a veces vuelven a buscar a sus madres. Si es
así, yo le deseo a mi guagua que si él quiere
nos encontremos ya más adelante cuando los dos
tengamos nuestras familias y seamos felices.
Que mi guaguita me perdone porque lo regalé. Sólo
por amor lo hice y creo que va a recibir amor, así
como esa historia que leí en una revista de una
señora que adoptó tres niños abandonados.
Recorté su foto. Es bonita y me gustaría
que así fuera la mamá de mi guaguita. No
sé qué más escribir en esta carta.
Sólo que soy feliz por mi guagua porque está
viva y con los padres que la van a tener para siempre. |