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El siguiente es un poema escrito por una joven que abortó
y que nos lo hizo llegar con el fin de que como dice ella
“lo publiquen y se los enseñen a las jóvenes,
para que vean que elegir la vida siempre ha sido y será
mejor.”
“Erase una vez la vida
Hijo mío, angelito misionero,
te ofrezco las lágrimas de mi sufrimiento.
Porque una fría noche (fría como mis pensamientos),
tomé la peor decisión de mi vida en fatídicos
momentos.
Te juro que no sabia lo que hacia, ni a lo que iba,
ya que empezó mi amargo arrepentimiento en menos
de un día.
Sentimiento de culpa que aturdió mi vida,
oscureció mi conciencia, espantó mi alegría.
Todos se dieron cuenta de que estaba tan retraída,
faltaba el brillo en mis ojos, el cual se opacó
con tu partida.
Porque viniste al mundo cuando menos te esperaba
y me reencontré contigo cuando ya no existías,
éste vacío ha destruido mi alma,
me tiene sumergida en una pena infinita.
De tu inocencia yo misma me privé,
de verte reír, jugar y crecer.
Te negué estrecharte entre mis brazos, ver la luz
del sol,
el cariño de tus abuelo, compartir todo a mí
alrededor.
Reconocer esto hace un nudo en mi garganta
al comprender que no supe recibir a un angelito que Dios
manda.
Ya que no acunó tu lecho suaves algodones,
ni jazmines perfumaron tu sien,
cada uno de mis suspiros te suplica “hijo mío
perdóname,
tal vez muy en el fondo lo hice por tu bien.”
Aún así vivo arrepentida, angustiada por
el remordimiento,
debido a que esto es lo peor de mi vida y me causa tanto
tormento. ¡Oh Dios mío! no sé
qué hacer, ni dónde ir!
Con esta desorientación, ¿qué clase
de existencia he de vivir?
Si existes, perdóname, si perdonas, ayúdame.
Creo en Ti y en todo tu Santo Reino,
por favor les pido de corazón, ¡reciban mi
sufrimiento!
Tengan a mi angelito, allá en vuestro hermoso cielo,
añoro algún día poder acunarlo, estrecharlo
contra mi pecho.
Decirle: mira mi amor como me tienes,
envuelta en redes de dolor,
solo tu perdón es mi liberación.
Mamita: yo ya te perdoné, hace tiempo que te comprendo,
no sufras por que tus lagrimas han sido mi leche,
y no he fallecido, ya que viviré para siempre gracias
a tus recuerdos.
Te ama y espera…..tu hijo Alexis Daniel.
Hijo mío, mi rey, aunque este mundo llegue a su
fin,
y será un final feliz,
yo me apartaré en un rincón,
para reflexionar y pensar en ti.
Cariñosamente….tu madre que te adora.”
Victoria del Alba.
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