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El pasado mes de octubre llegó a la Fundación
Chile Unido la siguiente carta.
Como dicen sus autores, Sergio y Graciela, padre y madre
de una niña de 14 años, “es un intento
de resumir nuestra experiencia con el objetivo de agradecer
todo el apoyo brindado a nuestra familia con relación
al embarazo de nuestra hija Andrea”.
El 8 de febrero del presente año nos enteramos
que nuestra hija Andrea de 14 años estaba embarazada.
Lo primero que sentimos fue que el mundo se nos venía
encima. Nos inundaron sentimientos de rabia, de pena infinita
por ella, de frustración terrible, de fracaso nuestro
como padres, como protectores y maestros de nuestra hija,
de desesperanza por esta traumática noticia. Pensamos,
en ese momento, que nuestra hija se arruinaba la vida
para siempre y que a nosotros se nos quebraba el alma
y el corazón, también para siempre. No podíamos
creer lo que nos estaba pasando. Pensábamos que
todo era un mal sueño. Pero no, para nuestra desgracia,
debíamos hacerle frente a una realidad. Teníamos
la obligación como padres de enfrentar esta situación,
la más difícil y dolorosa de nuestra existencia.
Desde un principio optamos por la vida. A lo ocurrido,
¿cómo agregar un nuevo error y un nuevo
dolor? El aborto nunca estuvo en nuestra mente. Pero igual
no sabíamos qué hacer. Buscamos en internet.
Lo encontrado era aterrador. Significaba mortalidad, discriminación
social y escolar, todo lo cual no hizo otra cosa que intensificar
nuestra angustia. En ese momento recibimos como una luz
del Espíritu Santo y encontramos una página
web que nos dio esperanza. La página era de la
Fundación Chile Unido. Sin saber nada de esta institución,
llamamos al número 800-572-800 Jamás podremos
olvidar la frase con que nos atendieron: “Chile
Unido te acoge, en qué te podemos ayudar”.
En ese instante ya nos sentimos acogidos y contenidos.
Sentimos por sobre todo, que alguien se interesaba en
nuestro drama, que alguien se interesaba en lo que estábamos
viviendo, que alguien quería iluminarnos un poco
el camino. La persona que nos atendió se transformó
en el pilar fundamental de nuestras vidas. Ella estuvo
a nuestro lado durante todo el proceso que recién
comenzábamos a vivir. Personalmente nos atendió
y nos fortaleció, como individuos y como familia.
A ella llegamos destrozados – y no exageramos -,
llorando con nuestra pequeña hija de sólo
14 años y embarazada. La primera reunión
con ella duró aproximadamente cuatro horas. Sentimos
que nos escuchó, que sabía lo que estábamos
pasando, que entendía nuestro dolor y temor. Los
minutos pasaban y ella seguía ahí, escuchándonos,
acogiéndonos, dándonos su comprensión,
su apoyo, su confianza de que esto no era el fin del mundo,
que teníamos que tener fe y fortaleza. A ella parecía
no importarle el tiempo. Lo fundamental era acompañarnos
y acogernos, brindándonos minuto a minuto esperanza
en cada una de sus palabras. En la medida que transcurría
el tiempo, nuestra sensación de estar perdidos
en la angustia se iba disipando.
La Fundación Chile Unido nos contactó con
una serie de profesionales: psiquiatra, abogado y ginecólogo,
personas que colaboran en forma desinteresada con la Fundación.
Este contacto nos permitió abordar nuestro ‘problema’
en forma integral. Con el transcurrir del tiempo nos fuimos
sintiendo más acompañados. Nuestro ‘problema’
no era exclusivo nuestro. Nos dimos cuenta que muchos
padres sufren esta misma angustia. Ojalá todos
supieran la existencia de Chile Unido. A nosotros, y nos
imaginamos que a todos los que llaman, nos atendieron
cálidamente en todo momento. Al punto que nuestra
visión terriblemente pesimista y doliente se transformó
en optimista y esperanzadora. Y algo más que descubrimos
y que queremos compartir; a medida que el tiempo pasaba,
fuimos descubriendo que nuestra familia se unía
aún más. El dolor y la angustia estaban
produciendo puntos de unión, de amor y de comprensión.
Ya más reconfortados, vino la segunda etapa, enfrentar
al colegio de nuestra hija Andrea. Después de las
conversaciones con Chile Unido, ambos sentíamos
que contábamos con las herramientas internas para
dar la cara frente a nuestro medio. En el colegio nunca
se había presentado el caso de una alumna embarazada,
lo que hacía más difícil aún
nuestra situación. Nos recibió el director
del Colegio Pedro de Valdivia de Peñalolén,
quien, para nuestra gran sorpresa, nos dio el respaldo
absoluto de toda la comunidad escolar: director, profesores,
apoderados y, especialmente alumnos. Nuestra hija podía
volver al colegio. Sería acogida, no marginada,
por sus pares y por sus profesores. Debemos confesar que
ese día lloramos por la emoción de ver que
los caminos se abrían para un mejor futuro. Nos
sentimos orgullosos de nuestro colegio. Queremos decir
que se preocuparon de brindar las mejores condiciones
para que nuestra hija volviese. Se esforzaron al máximo
en apoyarnos por haber optado por la vida. Nuestra hija
y nosotros nos sentimos acogidos, comprendidos, queridos
y acompañados. Pero, debemos decir, cada uno de
estos pasos no los dimos solos. En cada reunión
y decisión estaba Chile Unido a nuestro lado, alentándonos
y apoyándonos minuto a minuto. Dicho en pocas palabras,
se involucraron con nosotros en el sentido más
amplio de la palabra.
Andrea cumplió 15 años en pleno invierno.
Llovía ese día, pero el agua no fue obstáculo
para festejar a nuestra hija que muy pronto sería
madre. Para ello contamos con las alumnas de un colegio
particular que, a través de la Fundación
Chile Unido, brindan apoyo y compañía a
niñitas que esperan guaguita durante todo el proceso
de su embarazo. Ellas estuvieron a nuestro lado ese día.
Y es en esos momentos donde uno constata el cariño
verdadero. Con estas chiquillas tuvimos reuniones mensuales,
lo que nos sirvió para compartir con ellas y con
otras madres y sus hijas que estaban pasando por la misma
situación que nosotros. No importaba la condición
social, económica o religiosa; en ese momento éramos
todos iguales y nos unía nuestro más profundo
deseo de sacar adelante a nuestras hijas adolescentes.
El 24 de agosto nació nuestro querido nieto Benjamín;
un bebé hermoso, que llegó a este mundo
rodeado de mucho cariño, gracias al apoyo de personas
desinteresadas que han permitido el bienestar emocional
y físico de su mamá, nuestra hija.
Ver a Benjamín crecer y ver a Andrea desenvolverse
como mamá ha sido una emoción muy grande
para nosotros como abuelos y como padres. Estamos seguros
que sin el apoyo incondicional de la Fundación
Chile Unido y la de toda la gente que de alguna manera
coopera con esta institución que apoya la vida,
el resultado de este traumático proceso no hubiese
sido el mismo. Nos han ayudado a enfrentar, asumir y vivir
con fe cada paso del embarazo de nuestra hija. Hoy vemos
con optimismo el futuro de Andrea y de su pequeño
hijo Benjamín.
Esperamos que nuestro testimonio sea un incentivo para
otras adolescentes y sus familias. Lo que más nos
gustaría es que esta noble causa perdure en el
tiempo y ayude y rescate a tantas niñitas que a
temprana edad quedan embarazadas. A ellas queremos decirles
que llamen a la Fundación. Ahí serán
acogidas. Recibirán consuelo, consejo y cariño.
Recibirán esperanza y ello las hará optar
por la vida del hijo que esperan.
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