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Fundación Chile Unido organiza:

SEMINARIO "MUJER CARA Y SELLO"

Con la presencia de grandes panelistas internacionales y nacionales, la FUNDACIÓN CHILE UNIDO realizará el miércoles 7 de julio, de 8:30 a 14:00 hrs. – en el salón de las Américas del Hotel Intercontinental- uno de los más importantes seminarios sobre la conciliación de la vida familiar.

Algunos de los conceptos que se van a tratar para enfrentar este gran desafío que se presenta para el siglo XXI serán el valor de la maternidad, la aportación específica de la mujer a la sociedad y su papel como agente de cambio.

Entre los expositores están Nuria Chinchilla autora del libro “la Ambición femenina” (éxito de ventas en Europa) -, quien es doctora en Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra y la psicóloga chilena de la Universidad Católica, Nureya Abarca, ambas expertas en el tema de mujer y trabajo. En relación al tema, también hará su exposición el ministro del Trabajo Ricardo Solari; el presidente de Adimark Roberto Méndez; las diputadas Marcela Cubillos y Carolina Tohá, y el director ejecutivo del Instituto de Libertad y Desarrollo Cristián Larroulet.

Además de lo anterior, algunas de las empresas premiadas en el 2004 como las mejores para madres que trabajan expondrán sus políticas internas exitosas, que han permitido aminorar los conflictos y tensiones del doble rol de la mujer.

El valor de la entrada son $10.000 por persona y se hará un 30% de descuento a los socios del Club de Lectores de El Mercurio.

 

 


Mujeres

El título suena provocativo, particularmente si es un hombre el que está escribiendo. Pero también es peligroso. Después de todo, hablar sobre las mujeres es algo complejo y resulta casi imposible hacerlo sin tocar sensibilidades, lo que puede generar reacciones que hagan que me arrepienta de tamaña osadía. Por lo mismo, comienzo estas líneas haciendo saber que mi único interés aquí es velar por el futuro de mis cuatro pequeñas hijas.

“¡Estoy agotada!”. Es el título de una novela que está de moda. Por supuesto que su lectura no está incluida en mis planes, pero de todos modos me he percatado del inequívoco entusiasmo que tienen las mujeres en este libro; derivado, por supuesto, de la descripción de situaciones con las que se sienten identificadas.

Algunos datos para dar contexto. En Chile, el 36 por ciento de las mujeres trabaja –50 por ciento en el segmento 25-34 años y 70 por ciento entre quienes tienen título universitario–, cifra que creció ostensiblemente en la última década, pero que todavía es baja. Desde hace veinte años que las mujeres tienen mayor acceso a la educación superior que los hombres. Casi un tercio de los hogares está encabezado por una mujer, y se observa un sostenido aumento de los quiebres matrimoniales. Desde 1990 han nacido cada año, en promedio, siete mil niños menos que el año anterior; y el número de hijos por mujer ha descendido a la mitad en treinta años, llegando a 2,26. La gran mayoría de las empresas no cuenta con alternativas de jornada flexible, media jornada o trabajo desde el hogar.

A la luz de estas pocas cifras, el título de aquel libro parece la consecuencia esperable de uno de los más importantes procesos de transformación social que se han vivido: el ingreso masivo de la mujer al mundo laboral. Este solo cambio ha producido un desequilibrio sistémico de proporciones, que en nuestro país está teniendo como principal víctima a la propia mujer, particularmente a esa que está en sus treinta y tantos, que trabaja y que al mismo tiempo es dueña de casa, madre y esposa. En una imagen reconocible para todos, a esa cajera de supermercado que está en su puesto de trabajo un día domingo a las 11 de la noche.

El síntoma del problema es esta mujer agotada, pero la causa no es su legítimo deseo o necesidad de trabajar, como podría fácilmente pensarse. Lo que provoca el problema, y la tensión vinculada a él, es que nuestra sociedad se está demorando mucho en producir los ajustes requeridos para alcanzar una nueva situación de equilibrio. Entre otros, esos ajustes tienen que ver con la flexibilidad laboral y, por qué no decirlo, con una redefinición del rol del hombre en el hogar. Si este tipo de cambios no se produce, la presión sobre la mujer y la familia será insostenible.

Juan Carlos Eichholz