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Fundación Chile Unido: COMIDA ANIVERSARIO“CHEESE AND WINE”



En un evento único y memorable, Fundación Chile Unido celebra sus seis años de existencia. Con la presencia de más de 800 personas su directora ejecutiva, María Cristina de la Sotta, agradecerá una vez más la ayuda prestada por socios y amigos de la Fundación. También serán expuestos los logros y las metas alcanzadas durante el último año y los desafíos previstos para el 2004.

Bajo el lema: “Chile Unido une al Mundo”, los asistentes podrán disfrutar de una entretenida presentación de bailes típicos de diferentes países; todo ello acompañado por un buen vino y una rica selección de quesos.

La celebración se realizará en el Castillo Hidalgo, el día jueves 3 de junio. ¡Arma una mesa con tus amigos!, tu aporte nos ayudará a seguir con nuestra campaña a favor de la vida. Ya hemos salvado más de 2000 vidas, de ti depende que sean más.

Para obtener tu invitación, llama al 2180052 o bien pásalas a buscar en la calle El Retiro 5011.
El valor de la adhesión es de $ 10.000.-

¡Te esperamos!

 


LAVADO DE CONCIENCIA


Si lo que se quiere es legalizar el aborto, entonces dejémonos de eufemismos.

Imaginemos la siguiente situación: una mujer con un embarazo de tres meses llega al consultorio, aquejada de un fuerte dolor muscular; el doctor de turno la examina, le suministra el remedio previsto para el tipo de afección diagnosticada -aun para mujeres embarazadas- y la manda a su casa; al cabo de un día, muere la criatura que estaba en el vientre materno. Los exámenes posteriores revelan que dicho remedio, ingerido por mujeres con un cuadro clínico de determinadas características, como el de la paciente de este caso, es capaz de provocar un aborto.

¿Quién es responsable de tal resultado? Entre otros, el organismo público que autorizó la provisión de ese remedio y, particularmente, los funcionarios que tomaron la decisión. Dadas las propiedades de lo ocurrido, ellos podrían ser acusados de cuasidelito de aborto, por haber actuado negligentemente.

Tomemos ahora el caso de la píldora del día después. Una mujer llega al consultorio y solicita que se la suministren. Al cabo de unos días, se sabe que, contra lo esperado, aquélla actuó después de la fecundación, provocando un aborto.

¿Quién es responsable legalmente? Otra vez, entre otras, las personas que ordenaron la provisión pública de la píldora, sólo que en este caso lo serían de delito, y no meramente de cuasidelito, puesto que su conducta va más allá de la negligencia.

En efecto, hasta el momento, la ciencia médica no ha alcanzado un acuerdo respecto del carácter abortivo o no abortivo de la píldora - y así lo estableció la Corte Suprema- , por lo que quien promueve su utilización está aceptando un potencial aborto, aunque no quiera que ocurra. En la doctrina, eso se llama dolo eventual, que legalmente es asimilable al dolo directo. Lo anterior lleva a concluir que cuando la píldora del día después actúa con posterioridad a la fecundación, la autoridad sanitaria comete el delito de aborto, en calidad de inductora, o, incluso, de autora mediata.

Desde este punto de vista, en el escenario de que un alcalde o el jefe del consultorio o un doctor dispongan de atribuciones legales para oponerse a la decisión de la autoridad central, no sólo tienen el derecho de hacer uso de ellas, sino la obligación, porque, de lo contrario, al otorgar también su venia, estarían siendo partícipes del delito. En otras palabras, no se trata de un asunto de conciencia - ni mucho menos de un asunto religioso-, sino, derechamente, de un asunto jurídico.

Ahora bien, ¿cuál es la gran diferencia entre las dos situaciones antes planteadas? Que en la primera es posible probar el hecho punible, mientras que en la segunda, no. Esto significa que las autoridades pueden soslayar la acción de la justicia, pero, a menos que se hayan hecho un lavado de conciencia, deberían saber que están violando el ordenamiento jurídico, el mismo que los presidentes juran o prometen guardar y hacer guardar.

Si lo que se quiere es legalizar el aborto, entonces dejémonos de eufemismos y tengamos una discusión franca al respecto. En una democracia, eso se hace a través del Congreso y dando la cara al país, no por la vía de resoluciones o decretos dictados entre gallos y medianoche.

Por Juan Carlos Eichholz
Presidente Fundación Chile Unido
El Mercurio 10 de Mayo de 2004