Compatibilizar familia y trabajo: un sueño que se hace realidad
Nuestra sociedad ha experimentado profundos cambios y, sin lugar a dudas, la mujer ha sido uno de los principales agentes del mismo. El censo del 2002 dio cuenta de un proceso que no tendría vuelta atrás: la incorporación definitiva de la mujer al mundo del trabajo.
Las cifras fueron elocuentes. La fuerza laboral femenina representaba el 36% del mercado laboral nacional y, más aún, en el caso de las mujeres menores de 35 años llegaba al 50%. Sin perjuicio que la participación total de la mujer, era baja en relación con los países desarrollados e incluso en relación con algunos de nuestros vecinos, se trataba de una buena noticia, tanto a nivel económico como social.
Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas, de algún modo alguien pagaba el costo. Ese mismo año, el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, dejó de manifiesto la tensión que estaba sufriendo la mujer producto de lo que se denominó el ejercicio del “doble rol”. En efecto, al tradicional rol de dueña de casa se había añadido otro más, el papel de trabajadora, quedando en evidencia no sólo las dificultades que se estaban presentando para conciliar la vida familiar y laboral, sino también, el hecho que la familia en si misma se estaba resintiendo.
El escenario era complejo, la mujer se incorporaba al mundo del trabajo predominantemente masculino, donde la maternidad no se consideraba un bien social, por el contrario implicaba una carga y no se visualizaba la posibilidad de que fuera distinto. Era evidente que se requería de un cambio profundo, sin embargo, no se contaba con herramientas para generarlo.
Frente a esta realidad y, conscientes del papel crucial que le tocaba representar a las empresas en un futuro proceso de cambio, Fundación Chile Unido, en conjunto con Revista Ya de El Mercurio, nos abocamos a la búsqueda de un medio que nos permitiera influir de manera certera en la conducta de este actor social.
El horizonte estuvo claro desde el principio, y nuestra contribución en lo inmediato fue la creación de un instrumento de medición que permitiera, de la manera más fidedigna posible, reconocer a las empresas que habían implementado políticas para apoyar a sus empleadas-madres, y detectar políticas innovadoras en favor de la familia. Así surgió el estudio denominado, “Mejores Empresas para Madres que Trabajan”.
Con la perspectiva del tiempo y con orgullo, podemos decir que hemos ido cumpliendo la misión. Después de cuatro años de experiencia, podemos dar fe de que hemos sido testigos del nacimiento y desarrollo de una nueva cultura empresarial, que ha visto coronados sus esfuerzos no sólo con la lealtad y compromiso de sus empleados, sino también, con mejores resultados financieros.
Sin embargo, como ninguna obra perfecta ha salido de la mano del hombre, la nuestra requería un último apoyo que permitiera construir con confianza sobre ella. Fue así como decidimos incorporar en nuestra cruzada a una pieza fundamental: el padre. En efecto, es un hecho que madres y padres se están incorporando de manera igualitaria al mundo del trabajo pero, también, a las labores dentro del hogar, sobre todo en las generaciones más jóvenes. Con certeza podemos afirmar que hoy día la conciliación familia y trabajo es una aspiración de ambos.
Como consecuencia de lo anterior, nuestra cuarta versión del estudio experimentó lo que probablemente será, uno de los cambios cualitativamente más trascendentes y significativos. Hoy se busca premiar, a las “Mejores Empresas para Madres y Padres que Trabajan”.
Quizás parezca una modificación meramente formal pero, es mucho más. Desde una perspectiva cultural, esta idea conlleva una verdadera revolución detrás, la del reconocimiento tanto del valor de la diferencia como el de la complementariedad.
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