Fundación Chileunido te invita al: III Seminario de Medios:
MARCANDO UN HITO EN UN AÑO ELECTORAL
PROGRAMA
LUGAR DE REALIZACIÓN: Sala de
la Fundación Telefónica, Avenida Providencia
111, Primer Piso.
DÍA: miércoles 31 de agosto de 2005.
HORA: 08:30 a 13:30 hrs.
HORA REGISTRO: 08:30 hrs.
PANEL I: CALIDAD, ¿POR IMPOSICIÓN
O POR AUTORREGULACIÓN?
09:00 a 09:15 : Diagnóstico : Soledad Puente.
09:15 a 10:15 : Panel : Moderador : Juan Carlos Eichholz Panelistas :
- Patricia Politzer
- Mercedes Ducci.
- Lucas Sierra
CAFÉ
PANEL II: “RESPUESTA DE LOS MEDIOS A SEGMENTACIÓN
Y CHOQUE CON LA LÍNEA EDITORIAL”
PANEL III: “QUIÉN FIJA LA AGENDA
EN UN AÑO ELECTORAL”
12:00 a 12:15 : Diagnóstico : William Porath.
12:15 a 13:30 : Panel Moderador : Jaime Bellollio. Panelistas :
- Enrique Correa .
- Eugenio Guzmán.
- Consuelo Saavedra.
En defensa del más débil
Una señal de progreso de un pueblo es el esfuerzo
por superar las discriminaciones, las violencias y las injusticias
hacia los miembros más débiles de la sociedad.
La historia nos muestra que tal progreso no ha sido nunca
fácil, que se han dado avances y retrocesos. Millones
de seres humanos han sido perseguidos o maltratados de mil
maneras, simplemente por ser diferentes, pero, sobre todo,
por tener una capacidad reducida de defensa, por ser débiles.
La lista del recuerdo podría ser inmensa. Pensemos
en los vencidos después de una batalla: muchas veces
quedaban expuestos a todo tipo de violencia por parte de los
vencedores. O pensemos en las mujeres en tantos pueblos y
culturas, tratadas como ciudadanos de segunda clase, sometidas
a infinidad de ultrajes, excluidas de las grandes decisiones
de los pueblos, tratadas a veces como esclavas. O en muchos
niños, golpeados, mutilados, esclavizados, explotados.
O en los esclavos o las personas de una raza o religión
diversa, menos “fuerte” que la raza o religión
dominante.
No son cosas que pertenecen al pasado. También hoy
se producen casos de masacres de prisioneros o enemigos. También
hoy algunos hombres golpean y maltratan a las mujeres. También
hoy millones de niños se ven reducidos a condiciones
de esclavitud en lugares donde se fabrican, a muy bajo precio,
juguetes, aparatos electrónicos o tapices. También
hoy los miembros de algunas religiones sufren persecución
en diversos países del mundo.
Frente a tanta prepotencia, el esfuerzo por defender a los
débiles tiene que mantenerse siempre alerta. Ha habido
conquistas importantes. Se han reconocido en muchos estados
del mundo los derechos de la mujer. Se han establecido normas
para evitar el abuso de los niños y su explotación
en las fábricas o en el campo. Existen convenciones
internacionales para defender a los prisioneros de guerra
y condenar el uso de aquellas armas que pongan en grave peligro
la vida de los civiles. El racismo es atacado por grupos que
buscan un mundo en el que nadie sea excluido por el color
de su piel, y lo mismo ocurre respecto de la intolerancia
hacia los miembros de algunas religiones.
El esfuerzo por defender a los débiles debe también
encontrar maneras para superar nuevas injusticias del mundo
moderno. Pensemos, por ejemplo, en el aborto. Cada ser humano
hemos vivido una etapa de nuestra existencia como embriones
y como fetos. Era un momento de máxima debilidad, de
total abandono en el cariño y en el cuerpo acogedor
de nuestras madres.
Sin embargo, en muchos países del mundo se ha desarrollado
una nueva cultura de la prepotencia en la que se permite la
eliminación de esos individuos no nacidos, incluso
como si se tratase de un “derecho” de la mujer.
No existe ningún “derecho a la prepotencia”.
Si en la antigüedad un general vencedor se atribuía
el “derecho” de violar o no a las mujeres del
pueblo derrotado, hoy sabemos que ninguna situación
de “poder” avala la existencia de “derechos”
que no son sino injusticias revestidas de apariencias de legalidad.
Lo mismo vale para el aborto: el hecho de que existan médicos
e instrumentos muy perfeccionados en el arte de destruir vidas
humanas no nacidas, no permite considerar el aborto como algo
aceptable, ni siquiera cuando lo pide una mujer o cuando (cosa
que ocurre no pocas veces) cuando otros “fuertes”
presionan a la mujer para que se libre cuanto antes de un
niño que podría exigir la responsabilidad de
un padre muy poco responsable, muy cobarde y, la mayoría
de las veces, demasiado prepotente.
En este campo, como en tantos otros, podemos romper la mentalidad
abortista desde la perspectiva de la justicia y del progreso.
Pensemos, por ejemplo, en las protestas recientes ante los
abortos que buscan eliminar a los fetos femeninos. ¿No
es una injusticia contra las mujeres el eliminar, a veces
casi de modo sistemático, al no nacido si se trata
de una mujer?
Pero resulta igualmente extraño empezar a defender
a los embriones y fetos femeninos, y no proteger a los masculinos.
Hacer lo primero sin hacer lo segundo sería como considerar
privilegiados a unos fetos (los femeninos), y despreciables
o menos importantes a otros (los masculinos). Es decir, sería
como dar mayor fuerza al derecho a la vida según una
discriminación sexual que ningún pueblo auténticamente
justo debería tolerar.
Algunos, sin embargo, dicen que está mal el aborto
en función del sexo del hijo, pero no lo estaría
si simplemente se quiere eliminar al feto sin más (independientemente
de si es de un sexo o de otro). Esto, sin embargo, va también
contra el principio de defensa de los débiles. ¿Es
que vale menos una vida humana cuando no tiene ninguna adjetivación,
cuando no sabemos si es sana o enferma, si es chico o chica,
y vale más cuando ya conocemos su sexo u otras características
que pueden interesar a sus padres o a la sociedad?
Esto podemos aplicarlo a las numerosas enfermedades que se
descubren en los embriones y fetos antes de nacer, gracias
al diagnóstico prenatal. ¿Por qué sólo
se ofrece la oportunidad de nacer a los sanos, y se elimina,
en un clima de indiferencia bastante generalizado, a los enfermos?
¿Será que aceptamos el criterio de que el más
fuerte y mejor dotado, el sano, vale más, merece vivir,
y el enfermo vale menos y puede ser destruido, incluso con
el apoyo de “leyes” establecidas por un parlamento?
Nos horrorizamos cuando se aplican tales discriminaciones
para con los adultos. Pero, ¿es que valen menos los
fetos que los adultos? ¿No se trata siempre de “vidas
humanas”? El esfuerzo de miles de voluntarios que trabajan
cada día con los enfermos y los minusválidos
nos dice que también el ser humano que sufre merece
nuestro amor y puede darnos mucho más de lo que imaginamos.
La defensa de los más débiles es una tarea inacabada
e inacabable. Cada generación debe confrontarse con
los valores y antivalores de las generaciones precedentes
para encontrar caminos en los que podamos avanzar hacia la
defensa de los derechos de todos, también de los más
débiles. También de quien vive en el seno de
su madre o se encuentra indefenso en un laboratorio de fecundación
artificial.
Defender esas vidas débiles, necesitadas de protección,
será lo mínimo que podamos hacer para que el
mundo siga adelante en la conquista de los derechos de todos,
sin discriminaciones ni arbitrariedades promovidas por quienes
tienen ahora poder, técnica y dinero. Su prepotencia
no es algo eterno: también los poderosos algún
día dependerán completamente de la ayuda de
otros. Conviene recordarlo para que algún día
no se conviertan en víctimas de leyes injustas promovidas
por ellos mismos precisamente cuando sentían estar
en el ápice de sus energías... Leyes injustas
que, esperamos, encontrarán la heroica oposición
de quienes creen en el amor y la justicia por encima de lo
que digan algunas leyes que nunca deberían haber existido.
Leyes que podemos cambiar ahora, con el uso de aquellos instrumentos
de participación desde los que podemos construir un
mundo capaz de acoger a todos, también a los más
débiles.
Fernando Pascual
Profesor de filosofía y bioética.