DEBATE CON ALTURA DE MIRA
En los tiempos que corren parece importante preguntarse acerca
de la relevancia de la política. Muchos de los últimos
debates y entrevistas a potenciales candidatos están
imponiendo un peligroso estilo dirigido a pillar al otro en
falta, incomodarlo o indisponerlo. Este ambiente más
parece apropiado a los tiempos donde imperaba la violencia
política, hoy felizmente obsoletos. Vale la pena preguntarse
por el valor que le atribuimos a este sistema de organización
cívica. Porque si recogemos la incredulidad, pesimismo
e indiferencia con que muchos jóvenes -y otros no tanto-
evalúan a este sector, y a su vez, si los medios de
comunicación siguen perpetuando la costumbre de concentrarse
en lo suntuario y efectista en lugar de buscar la verdad profunda
de las cosas, se pone en peligro el futuro de la estabilidad
política que nos ha permitido concentrarnos en crecer
a lo largo de estos años. Asimismo resulta igualmente
preocupante la postura de una parte importante de la opinión
pública, imbuida en una especie de cultura de televidentes,
mirando la realidad por la ventana y a gusto con la impertinencia
que con forzada simpatía deben soportar los entrevistados,
así, el panorama parece aún más oscuro.
En la evaluación a los candidatos por ejemplo, las
intenciones de voto de la mayoría justifican su preferencia
en razones como la simpatía o carisma de tal o cual.
Comparto plenamente la necesidad de que esos elementos tan
visibles nos cautiven, pero cuando se trata de la elección
de un presidente para el país, me parece superficial
y liviano justificar nuestras preferencias de este modo.
Una vez más, en este caso nuestra conducta de televidentes
nos ha ido calando hondo, acostumbrándonos a una postura
pasiva sólo conmovida frente a situaciones extremas.
(por ejemplo: Tragedia de Antuco). Llega el momento de preguntarse
cuál es nuestro rol como opinión pública.
Los candidatos no pueden ser los únicos enfrentados
a responder preguntas y plantear propuestas que nos van a
afectar a todos. Qué lugar ocupan nuestras demandas?
Dentro del juego democrático parece del todo lógico
que adoptemos una actitud más participativa y comencemos
a ejercitar la reflexión. ¿Qué país
queremos? ¿Cuáles son los aspectos que nos parecen
vitales de defender, rescatar, proponer y discutir? Si creemos
que las mujeres hemos crecido en términos de participación
al punto de llegar a ser factible que se postule a la presidencia
con verdaderas posibilidades de triunfar, es tal vez la oportunidad
de aprovechar este hito y cambiar también nosotros,
comprometiéndonos con mayor firmeza con el Chile que
queremos. Eso permitiría elevar el nivel de todos los
debates y enriquecería a la política. Pero,
principalmente, nos promovería a la categoría
de sujetos activos y opinantes, que persiguen fines definidos
y declarados con solidez, más allá de meros
receptores del estímulo televisivo.
Alejandra Hewstone
Historiadora – Periodista
Fundación Chile Unido
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