HACIA UN VERDADERO HUMANISMO
Benedicto XVI inaugura su pontificado reflexionando sobre el
peligro actual del relativismo, término difuso, poco
cotidiano, patrimonio de los moralistas, lo cual no obsta a
que su mensaje sea urgente y dirigido a todas las personas en
su quehacer diario.
El relativismo entraña preguntas fundamentales: ¿existe
una verdad? ¿Somos capaces de conocerla? Más allá
de las distintas épocas, culturas, ¿existe un
fondo ético común y universal ? ; la pregunta
resulta interesante porque si bien el relativismo parece estar
instalado en nuestra cultura en el sentido de que todo es materia
de opinión, así también, existe una conciencia
generalizada acerca de la universalidad de ciertos juicios y
principios tales como la igualdad de todos los hombres en materia
de dignidad y derechos, el respeto a la vida, la inhumanidad
de la tortura, la lucha contra la pobreza ...etc .
Sobre la capacidad de la conciencia humana para discernir la
verdad moral, existen distintos horizontes. Uno de ellos, el
intuicionismo que afirma que la única norma moral válida
es la propia conciencia, la propia subjetividad, rechazando
cualquier norma objetiva o superior. Por su parte los pensadores
cristianos reivindican que, al igual que existe un fondo común
fisiológico, existe un fondo común ético
y universal que no radica en la creación humana sino
en la naturaleza del hombre.
Por otro lado, las vertientes nihilistas que se traducen en
la negación de ciertos valores y verdades universales
pueden dejar abierta la posibilidad para que cualquier persona
produzca sus propios valores y juicios.
Para muchos una señal para discernir la correcta dirección
ética de una sociedad es su "estado anímico"
¿Cuál es el estado moral, el nivel de felicidad
-si cabe la palabra- de aquellas sociedades donde se han proscrito
los valores objetivos permanentes y la dimensión espiritual,
y donde el hombre se instala como un semidiós que hace
y deshace según los dictados de su voluntad y de su ego?
Ahí están el aborto, eutanasia, manipulación
genética y una sensación de vacío existencial
que explica la búsqueda por muchas personas de substitutos
de la dimensión trascendente en gurúes y movimientos
new age. En la misma línea se inscribe el consumo de
drogas y el abuso de psicofármacos, como instrumentos
de evasión de un hombre que teme enfrentarse a sí
mismo.
La urgencia por humanizar el mundo exige un diálogo,
para intentar puntos de encuentro posibles entre aquellas éticas
fundadas en contingencias políticas históricas,
sociológicas, y la ética fundada en la naturaleza
humana, esfuerzo que se ha traducido en conquistas éticas
como la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Es en este contexto que la reflexión de Benedicto XVI
cobra importancia, haciendo un llamado a que el ser humano no
abdique a la verdad e invitándolo esencialmente amar
a los demás como a uno mismo
Gonzalo Sánchez Serrano
Fundación Chile Unido