Cristina de la Sotta
"Las mujeres humanizamos nuestro lugar de trabajo"
La directora ejecutiva de la Fundación Chile Unido
plantea que el verdadero liderazgo femenino pasa porque las mujeres
se paren frente al mundo como mujeres y no como un ser "medio
asexuado", que no tiene hijos, no tiene familia, trabaja,
es eficiente, cumple y deja de lado su maternidad, que está
en todas sus células.
Que Soledad Alvear nombrara a Marcelo Trivelli
como su jefe de campaña, y que Joaquín Lavín
sorprendiera con la designación de Cristina Bitar en dicho
cargo, y la alineación de Lily Pérez y Jacqueline
Van Rysselberghe; no responde sólo a una estrategia de
campaña para conseguir votos.
Efectivamente, este hecho que podría ser simplemente anecdótico,
lleva envuelto algo mucho más profundo, y que dice relación
con la necesidad de complementariedad entre lo femenino y lo masculino,
indispensables en el mundo moderno. Ya que hoy no es posible captar
todas las sensibilidades sólo desde una mirada de hombre
o de mujer.
Esto es, sin duda, una muy buena noticia, no sólo por la
señal que se está dando por ambos candidatos, sino
principalmente porque está demostrando un cambio importante
en nuestra sociedad, que va de la mano con los tiempos, superando
un discurso feminista o machista.
Durante los últimos 60 años las ideologías
que buscaban posesionar a la mujer en el mundo público
se basaban principalmente en una especie de "guerra de los
sexos", contraponiendo a hombres y mujeres, donde uno debía
aplastar al otro para poder ocupar un espacio en el mundo de lo
público, ya fuera en el ámbito laboral, social o
político.
Basta recordar algunos de los dichos de Simone de Beauvoir, fiel
exponente del feminismo más radical, en su libro el Segundo
Sexo: "la mujer es víctima de la consciente opresión
del hombre", o " la maternidad se utiliza para oprimir
a la mujer "; u otras frases de algunas de sus seguidoras
como Alice Schwazer: "el poder masculino sólo puede
destruirse con el poder femenino".
Esta lucha de poder entre hombres y mujeres trajo diversas consecuencias,
no siempre positivas, ni para las mujeres ni para la sociedad.
Si bien es necesario reconocer el aporte del feminismo, principalmente
en su versión más pura y original, en el logro de
una igualdad de derechos entre ambos sexos, la confrontación
masculino-femenina ha tenido sus costos.
Por lo pronto, la mujer se vio en la necesidad de incorporarse
al mundo del trabajo abandonado su propia feminidad, al pretender
igualarse absolutamente al hombre. En segundo lugar, y muy relacionado
con lo anterior, muchas mujeres se vieron obligadas a optar entre
familia y trabajo, con la consiguiente disminución de la
tasa de natalidad, situación que tiene bastante complicados
a diversos países desarrollados al presentar tasas negativas
de crecimiento de su población, entre otros efectos.
Si a esta renuncia de lo naturalmente femenino, se le agrega el
hecho de que muchos hombres sentían que se les invadía
su espacio y por ende, actuaban oponiéndose a la incorporación
de la mujer a este "club de Tobi", asumiendo conductas
cerradas y machistas, la esperada "realización personal
que te hará feliz" no ha sido alcanzada por la mujer.
Es así como llegamos a estos comienzos del siglo XXI, buscando
el verdadero equilibrio, que en definitiva es la demanda por la
mayoría de las mujeres: no renunciar a lo propiamente femenino
y poder ser madres, trabajadora esposa o pareja, todo ello sin
tener que morir en el intento.
Desde esta perspectiva, los hechos que nos están mostrando
Alvear y Lavín parece que están haciendo primar
algo instintivo y natural, cual es que hombres y mujeres nos necesitamos
y complementamos. Que lo propiamente femenino es fundamental para
entender el mundo moderno, así como lo netamente masculino
es tan importante que no puede ser dejado de lado.
Hombres y mujeres somos iguales en dignidad y derechos pero somos
también distintos, y ahí radica nuestra riqueza,
ya que aportamos al mundo miradas diferentes, necesarias y complementarias,
que se basan en la naturaleza, más que en lo cultural.
Existiendo el aporte de Trivelli y Bitar a las propuestas de Alvear
y Lavín, sin duda que las principales ganadoras seremos
las mujeres.