| |
¿PODRÁ MEJORAR LA JUSTICIA CHILENA?
Cuando
se reflexiona críticamente sobre la Justicia chilena,
normalmente los juicios provienen de casos particulares que
se exhiben dramáticamente en los medios de comunicación
y que el público generaliza. Nadie se detiene a considerar
los límites que se interponen entre la investigación,
el juzgamiento y la sentencia, que tienen su justificación
en la dependencia de los Tribunales de Organos Policiales para
las investigaciones, en la falta de recursos humanos calificados
en el tribunal, en el atochamiento de causas y en la obligación
legal de evitar condenar a inocentes.
Por supuesto que se cometen errores y que, como en todas las
profesiones, existen jueces incompetentes, poco imaginativos
para conducir las investigaciones, dubitativos, lentos para
resolver y hasta aquellos que no tienen un comportamiento ético
o decoroso para tan alta dignidad.
Debe también agregarse que el crecimiento de la población
capaz de demandar justicia ha dejado a la estructura judicial
sin los recursos humanos necesarios para atender estas demandas.
Baste considerar que en la Corte de Apelaciones de Santiago
existen mas de 50.000 causas pendientes que no logran ser puestas
en tabla para su conocimiento por el Tribunal y que el promedio
de espera es de por lo menos 4 años.
La Justicia que debe juzgar a todos por igual, autoridades y
ciudadanos es la columna esencial del Estado de Derecho. El
país puede exigir entonces que sus jueces sean probos
y competentes, aun en las dificultades en las que se desenvuelven.
Por ello el desafío del Poder Judicial es de gran envergadura.
¿Que se está haciendo para acometerlo?
A instancia de la Judicatura se creó por ley la Academia
Judicial que por primera vez imparte cursos de formación
para los postulantes al escalafón primario es decir,
a secretarios de tribunal, relatores y jueces de comuna y también
cursos de habilitación para éstos mismos cuando
deben postular al escalafón secundario, esto es para
ser Ministros de Corte de Apelaciones.
Estros cursos tienen un fuerte énfasis en la ética
del juez, en su independencia, en su modo de relación
con las partes y sus abogados y una capacitación para
estar al día con las continuas y complejas reformas legales.
Esta Academia, ahora única forma de ingresar al Poder
Judicial y de ascender ene él, mantiene un muy exigente
método de admisión, antes inexistente, que garantiza
que a ella acceden los mejores por sus calificaciones académicas,
sus aptitudes psicolaborales, el resultado de sus pruebas de
conocimientos y una entrevista personal. Una vez ingresados
ellos deben aprobar los cursos de formación que tampoco
antes conocieron los jueces y que imparten profesores de gran
calidad académica y de experiencia judicial.
Por su parte cuando ya los secretarios relatores y jueces así
admitidos y designados han ejercido sus cargos y han cumplido
su ciclo para aspirar a ocupar un cargo de Ministros de Cortes
deben previamente aprobar un exigente curso de habilitación
para su actuación en tribunales colegiados.
El número de egresados de la Academia es de varios centenares
y los resultados ya se está haciendo sentir. Por ejemplo
ya 49 están ocupando ya cargos de Ministros de Corte,
lo que es un número muy significativo en el total de
Ministros de Corte del país.
De esta sabia nueva, joven, formada, motivada y habilitada,
la Justicia y el país tienen mucho que esperar por el
mejoramiento de la calidad de sus miembros.
Además comprendiendo que el cargo de Juez o de Ministro
de Corte es de una exigencia de probidad y corrección
superior a la de toda otra función, por que en su ejercicio
debe conquistarse la confianza del pueblo, la Corte Suprema
mantiene una Comisión de Etica que está supervisando
el comportamiento ético de los jueces en el ejercicio
de sus cargos.
El Poder Judicial se está dando a sí mismo un
influjo de juventud calificada desde su base misma, que en algunos
años, para bien del país, terminará por
penetrarlo entero. |