19 14/03/05
     
   

 

 
Renacer gracias a un hijo:
"Fundación Chile Unido te acoge, ¿en qué te puedo ayudar?".
La voz sonó tan acogedora, que Graciela pudo responder con la frase que, hasta ese minuto, se sentía incapaz de pronunciar:

"Mi hija está embarazada".
La orientadora Verónica Estol estaba al otro lado de la línea: "No se preocupe. Nosotros los vamos a apoyar en todo lo que necesiten".
Graciela León dice que en ese instante vio la primera luz desde que, pocos días antes, su hija de 14 años le había contado de su embarazo. "Cuando lo supe, fue el momento más difícil de mi vida. Yo estaba convencida de que con la Andrea iba todo bien: ya habíamos hablado de sexualidad; era una niña tranquila, la íbamos a dejar y a buscar a las fiestas. Simplemente, no podía ser".

La confesión de su hija, agrega, fue sentir de golpe que "se fregó su futuro; que nos iban a criticar y a cerrar todas las puertas". Por eso, al sentir la voz de Verónica Estol, asegurándole que todo iba a estar bien, Graciela dejó de ver todo negro por primera vez en esos días.

Con el apoyo de Chile Unido, la familia Gejlichen León empezó a vislumbrar los pasos a seguir. El primer impulso era cambiar a Andrea de colegio. Pero ella misma pidió intentar seguir allí, consciente de que no era el camino más fácil. Pidieron audiencia con el director, quien les ofreció de inmediato todo su apoyo, pero les pidió tiempo para consultar a la Corporación del colegio (Pedro de Valdivia, de Peñalolén).
Después de eso, el manejo del caso quedó en manos del departamento de psicopedagogía del establecimiento. "Y faltaba un paso muy importante: hablar con el Centro de Padres. Yo andaba como loro en el alambre, esperando los resultados de cada reunión", recuerda Graciela. En tanto, Andrea permanecía en su casa: "Yo no iba a entrar a clases hasta que no hablaran con todo el colegio".

Apoyo inédito
Hubo un apoyo total de parte de los apoderados. Luego, se hizo una reunión especial de los padres del curso de Andrea, que tuvo una asistencia inédita, recuerda Graciela: " 'Hemos venido para apoyar a tu hija', me decían. Y pensar que yo había tenido tanto miedo de ese momento y, en cambio, me encontré con solidaridad y con un trato de respeto y dignidad".

Eso y el permanente apoyo de la psicopedagoga del colegio permitieron que Andrea pudiera vivir tranquila su embarazo.

Pero también ayudó una decisión de ella: "Quise meter las penas en un baúl y no seguir llorando. Sólo quería estar en contacto con cosas positivas, que le hicieran bien a mi hijo". Cuenta que dejó de "carretear", que dividió su tiempo entre estudio y descanso, y que subió sus notas. "Asumí que mi vida había cambiado. Maduré con todo esto".
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  Ese Anhelado equilibrio entre familia y trabajo.

Ser mujer en el siglo XXI no pareciera ser tarea fácil, si bien son muchos los avances que se han registrado en la situación de la mujer desde ese 8 de marzo de 1908, donde más de 100 mujeres murieron en un accidente producido en una fábrica textil de la ciudad de Nueva York. Se habían encerrado allí para reivindicar una reducción de la jornada laboral a 10 horas. Dos años más tarde, se celebró por primera vez el Día de la Mujer Trabajadora. . Sin embargo, las exigencias, demandas y nuevos roles femeninos de casi 100 años posteriores, están dificultando alcanzar el verdadero equilibrio tan buscado por ellas.

Hoy vemos como cada día aumenta la participación laboral femenina, de acuerdo a los últimos datos del INE, ésta alcanzaría a un 37%, y en las mujeres en la edad entre los 25 a 34 años al 50%.

Siendo lo anterior, un avance muy importante existen significativas diferencias en el trabajo de la mujer por estrato socioeconómico, así en el 20% más pobre de la población trabaja fuera del hogar sólo el 23% de las mujeres; en cambio en el quintil más rico este porcentaje llega al 53%.

Esta diferencia es relevante ya que cuando existen dos ingresos en un hogar pobre, la posibilidad de salir de esta situación es bastante alta. De acuerdo a los datos de la encuesta CASEN 2000, cuando ambos padres trabajan, los hogares bajo la línea de la pobreza alcanzan al 7%, al excluir el ingreso de la mujer este porcentaje de hogares aumenta al 19%.

Si a lo anterior sumamos además, la existencia de un incremento en los hogares con jefatura femenina, donde ellas muchas veces deben trabajar fuera de su hogar largas jornadas, podemos deducir por una parte, que es necesaria y buena la incorporación de la mujer al mundo laboral, pero que ello se está realizando de una manera inadecuada, ya que la familia, la propia mujer, y la sociedad en su conjunto se están viendo afectadas negativamente.

Por de pronto, esto ha significado una disminución del número de hijos por mujer, que es de 2,26 acercándonos peligrosamente a la tasa mínima de reposición de la población, con todos los efectos sociales y económicos que esto tiene.

En cuanto a las relaciones familiares estas se ha visto afectada ya que muchas mujeres ven tensionado y sobre exigido su rol de madre, y esposa con su rol profesional y laboral, lo que produce un mayor número de conflictos al interior de la familia.

Por su parte, las propias mujeres se sienten sacrificando algo ya sea en su aspecto profesional o familiar cuando sienten que no pueden compatibilizar su maternidad con sus aspiraciones laborales. Un dato que refleja esta situación se ve en que la principal causa de licencias médicas de las mujeres, es el estrés.

Frente a esta disyuntiva, la sociedad debe ofrecer nuevas oportunidades a las mujeres que le permitan compatibilizar sus necesidades y demandas con sus aspiraciones personales y laborales.

Lo anterior no sólo supone un cambio cultural con respecto a la paternidad y el rol que debe desempeñar el padre en relación con los hijos y el hogar, sino que también se deben buscar más y mejores herramientas de flexibilidad laboral, cuidado de los hijos, apoyo a la maternidad y a la mujer dueña de casa.

La verdadera política a favor de la mujer es aquella que se adapta a sus requerimientos
y deseos más íntimos. Sean estos renunciar a la familia para desarrollarse profesionalmente en forma exclusiva, entregarse a la familia por completo o, lo que a la mayoría de las mujeres les supone el esfuerzo de cada día, adaptar la entrega a una u otra realidad en función de las necesidades en cada momento.

Sólo si somos capaces de comprender a esta nueva mujer podremos lograr ese anhelado equilibrio, por el cuál muchas de ellas luchan hoy día así como lo hicieran un 8 de marzo en Nueva York a comienzos del siglo pasado aquellas 110 mujeres que hoy recordamos.

Paulina Villagrán
Directora Estudios
Fundación Chile Unido