Renacer
gracias a un hijo:
"Fundación Chile Unido te acoge, ¿en qué
te puedo ayudar?".
La voz sonó tan acogedora, que Graciela pudo responder
con la frase que, hasta ese minuto, se sentía incapaz de
pronunciar:
"Mi hija está
embarazada".
La orientadora Verónica Estol estaba al otro lado de la
línea: "No se preocupe. Nosotros los vamos a apoyar
en todo lo que necesiten".
Graciela León dice que en ese instante vio la primera luz
desde que, pocos días antes, su hija de 14 años
le había contado de su embarazo. "Cuando lo supe,
fue el momento más difícil de mi vida. Yo estaba
convencida de que con la Andrea iba todo bien: ya habíamos
hablado de sexualidad; era una niña tranquila, la íbamos
a dejar y a buscar a las fiestas. Simplemente, no podía
ser".
La confesión de su hija, agrega, fue sentir de golpe que
"se fregó su futuro; que nos iban a criticar y a cerrar
todas las puertas". Por eso, al sentir la voz de Verónica
Estol, asegurándole que todo iba a estar bien, Graciela
dejó de ver todo negro por primera vez en esos días.
Con el apoyo de Chile Unido, la familia Gejlichen León
empezó a vislumbrar los pasos a seguir. El primer impulso
era cambiar a Andrea de colegio. Pero ella misma pidió
intentar seguir allí, consciente de que no era el camino
más fácil. Pidieron audiencia con el director, quien
les ofreció de inmediato todo su apoyo, pero les pidió
tiempo para consultar a la Corporación del colegio (Pedro
de Valdivia, de Peñalolén).
Después de eso, el manejo del caso quedó en manos
del departamento de psicopedagogía del establecimiento.
"Y faltaba un paso muy importante: hablar con el Centro de
Padres. Yo andaba como loro en el alambre, esperando los resultados
de cada reunión", recuerda Graciela. En tanto, Andrea
permanecía en su casa: "Yo no iba a entrar a clases
hasta que no hablaran con todo el colegio".
Apoyo
inédito
Hubo un apoyo total de parte de los apoderados. Luego, se hizo
una reunión especial de los padres del curso de Andrea,
que tuvo una asistencia inédita, recuerda Graciela: "
'Hemos venido para apoyar a tu hija', me decían. Y pensar
que yo había tenido tanto miedo de ese momento y, en cambio,
me encontré con solidaridad y con un trato de respeto y
dignidad".
Eso y el permanente apoyo de la psicopedagoga del colegio permitieron
que Andrea pudiera vivir tranquila su embarazo.
Pero también ayudó una decisión de ella:
"Quise meter las penas en un baúl y no seguir llorando.
Sólo quería estar en contacto con cosas positivas,
que le hicieran bien a mi hijo". Cuenta que dejó de
"carretear", que dividió su tiempo entre estudio
y descanso, y que subió sus notas. "Asumí que
mi vida había cambiado. Maduré con todo esto". ›
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Ese Anhelado equilibrio entre familia y trabajo.
Ser mujer en el siglo XXI no pareciera ser tarea fácil,
si bien son muchos los avances que se han registrado en la situación
de la mujer desde ese 8 de marzo de 1908, donde más de
100 mujeres murieron en un accidente producido en una fábrica
textil de la ciudad de Nueva York. Se habían encerrado
allí para reivindicar una reducción de la jornada
laboral a 10 horas. Dos años más tarde, se celebró
por primera vez el Día de la Mujer Trabajadora. . Sin embargo,
las exigencias, demandas y nuevos roles femeninos de casi 100
años posteriores, están dificultando alcanzar el
verdadero equilibrio tan buscado por ellas.
Hoy vemos como cada día aumenta la participación
laboral femenina, de acuerdo a los últimos datos del INE,
ésta alcanzaría a un 37%, y en las mujeres en la
edad entre los 25 a 34 años al 50%.
Siendo lo anterior, un avance muy importante existen significativas
diferencias en el trabajo de la mujer por estrato socioeconómico,
así en el 20% más pobre de la población trabaja
fuera del hogar sólo el 23% de las mujeres; en cambio en
el quintil más rico este porcentaje llega al 53%.
Esta diferencia es relevante ya que cuando existen dos ingresos
en un hogar pobre, la posibilidad de salir de esta situación
es bastante alta. De acuerdo a los datos de la encuesta CASEN
2000, cuando ambos padres trabajan, los hogares bajo la línea
de la pobreza alcanzan al 7%, al excluir el ingreso de la mujer
este porcentaje de hogares aumenta al 19%.
Si a lo anterior sumamos además, la existencia de un incremento
en los hogares con jefatura femenina, donde ellas muchas veces
deben trabajar fuera de su hogar largas jornadas, podemos deducir
por una parte, que es necesaria y buena la incorporación
de la mujer al mundo laboral, pero que ello se está realizando
de una manera inadecuada, ya que la familia, la propia mujer,
y la sociedad en su conjunto se están viendo afectadas
negativamente.
Por de pronto, esto ha significado una disminución del
número de hijos por mujer, que es de 2,26 acercándonos
peligrosamente a la tasa mínima de reposición de
la población, con todos los efectos sociales y económicos
que esto tiene.
En cuanto a las relaciones familiares estas se ha visto afectada
ya que muchas mujeres ven tensionado y sobre exigido su rol de
madre, y esposa con su rol profesional y laboral, lo que produce
un mayor número de conflictos al interior de la familia.
Por su parte, las propias mujeres se sienten sacrificando algo
ya sea en su aspecto profesional o familiar cuando sienten que
no pueden compatibilizar su maternidad con sus aspiraciones laborales.
Un dato que refleja esta situación se ve en que la principal
causa de licencias médicas de las mujeres, es el estrés.
Frente a esta disyuntiva, la sociedad debe ofrecer nuevas oportunidades
a las mujeres que le permitan compatibilizar sus necesidades y
demandas con sus aspiraciones personales y laborales.
Lo anterior no sólo supone un cambio cultural con respecto
a la paternidad y el rol que debe desempeñar el padre en
relación con los hijos y el hogar, sino que también
se deben buscar más y mejores herramientas de flexibilidad
laboral, cuidado de los hijos, apoyo a la maternidad y a la mujer
dueña de casa.
La verdadera política a favor de la mujer es aquella que
se adapta a sus requerimientos
y deseos más íntimos. Sean estos renunciar a la
familia para desarrollarse profesionalmente en forma exclusiva,
entregarse a la familia por completo o, lo que a la mayoría
de las mujeres les supone el esfuerzo de cada día, adaptar
la entrega a una u otra realidad en función de las necesidades
en cada momento.
Sólo si somos capaces de comprender a esta nueva mujer
podremos lograr ese anhelado equilibrio, por el cuál muchas
de ellas luchan hoy día así como lo hicieran un
8 de marzo en Nueva York a comienzos del siglo pasado aquellas
110 mujeres que hoy recordamos.
Paulina Villagrán Directora Estudios
Fundación Chile Unido