10 31/08/04
     
   

 

 


DOS AÑOS DE PROGRAMA COMUNÍCATE

Resulta alentadora la imagen del bombero paraguayo que salvó la vida de ese niño, poniendo todo su empeño en darle su aliento para que viviera.

Este mes celebramos el segundo año de nacimiento del programa “Comunícate” en donde, al igual que aquel bombero, trabajan personas voluntarias que ponen todos sus conocimientos, energía y empeño en ayudar a tantas familias que requieren de un salvavidas, de una orientación para resolver conflictos personales, conyugales y entre padres e hijos.

Ya hemos atendido a más de 1.100 personas que han podido solucionar desde problemas pequeños hasta aquellos que han podido ver una luz de esperanza tan anhelada.

Esperamos llegar a tantas personas que necesitan de una mano, de alguien que los escuche y los haga sentir personas a través de nuestro fono-ayuda gratuito: 122-800-100-200.


 


Cosificación de nuestros niños

No hace mucho se celebró el Día del Niño, día de diversión pero también de reflexión sobre lo que estamos haciendo con nuestros niños en la actualidad.

Y me refiero principalmente al hecho de que cada día, y al parecer sin darnos mucho cuenta, estamos transformando a nuestros niños en cosas. Esto que suena terrible, lo podemos corroborar con diferentes hechos, que aislados no producen el mismo efecto que si los analizamos en su conjunto.

En primer lugar "el aborto", que no es otra cosa que eliminar la dignidad humana de los embriones para transformarlos en cosas, y por ello podemos disponer de sus cuerpos cuando queramos y de acuerdo a nuestros propios deseos. Así, si enfrento un embarazo no deseado, lo mato; si me falló el anticonceptivo, la píldora del día después para que no se desarrolle; si eventualmente viene con una malformación, síndrome de Down u otro problema, lo desecho.

En segundo lugar la fertilización in vitro con donante anónimo de espermios: puedo crear a mi propio hijo de acuerdo a las características que desee, estatura, color de ojos, de pelo, de piel, coeficiente intelectual superior, deportista, etc. Al igual como escojo un producto que quiero comprar en una tienda y elijo de acuerdo a mis preferencias. De la mano de este avance tenemos el encargo de un hijo realizado en el laboratorio para curar la enfermedad de otro hijo, es decir, compro el remedio para mi hijo enfermo que es otro hijo con ciertas características genéticas que mandé a hacer.

Continuando en esta escalada tenemos la clonación, donde pido por encargo a un ser humano que puede ser "mi hijo", o mi copia o mi abuelo, o mi padre, da lo mismo, yo escojo a la persona (que más bien parece cosa) que quiero tener igual a otro ser.

Finalmente tenemos la selección por sexo de estos niños, tan utilizada en los países orientales con sus políticas de natalidad de un hijo por familia, donde sólo tengo ese hijo si es varón. Para ello mato a todos los embarazos femeninos que en el intertanto pueda tener hasta obtener al varón deseado, ¿y por qué varón? muy simple, porque él puede trabajar y mantenerme en el futuro cuando sea anciano, es decir, una máquina productiva.

Todos estos ejemplos resultan aterradores y lamentablemente se practican diariamente en este mundo post moderno donde las cosas valen más que las personas y nuestros niños menos que un televisor desechable.

Paulina Villagrán
Directora Estudios
Fundación Chile Unido