| DIARIO LA TERCERA, 29
de diciembre 2007
Es
época de descanso y vacaciones, un buen momento
para profundizar y reflexionar sobre los acontecimientos
sucedidos en el sector educación, que tantos
dolores de cabeza provocó tras los movimientos
estudiantiles y que el 2007 logró dar con el
gran paso para conseguir la tan anhelada educación
de calidad. Un importante avance en esta materia que
sin duda generará positivos efectos para el futuro
de los estudiantes y el país.
Este logro de las autoridades y de los distintos sectores
políticos prontamente se traducirá en
una mejor preparación para nuestros hijos y mayores
oportunidades para los jóvenes. Sin embargo,
no hay que olvidar que una educación de calidad
va de la mano de un fuerte apoyo familiar, es ahí
donde se forma la autodisciplina, perseverancia y autoestima
tan necesaria para la vida.
Por una parte, respecto a información pública
sobre rendimiento académico, la última
encuesta CASEN reveló que 60,1 % de los padres
que tienen alumnos en edad escolar no conocen los resultados
de las pruebas SIMCE que miden logros en el proceso
del aprendizaje. A su vez, la Encuesta Bicentenario
reveló la falta de autoridad y límites
de los padres para con sus hijos. Entonces cabe pensar
que existe un rol paternal debilitado, realidad preocupante
cuando especialistas coinciden en la importancia de
tener padres involucrados en este proceso de educación
y formación.
Es necesario tener en cuenta que somos los padres los
primeros educadores y estamos seguros que las futuras
decisiones que se tomen en esta materia, más
un trabajo en conjunto, entre padres y la sociedad,
podrán ayudar en la conducción, formación
y auto conocimiento de nuestros jóvenes. De esta
forma, los estudiantes de hoy y los ciudadanos del mañana
serán capaces de colaborar en forma positiva
para construir un país mejor.
Carolina Cruz Ugarte
Fundación Chile Unido
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