| DIARIO LA TERCERA, 04
de Noviembre 2007
Nuevamente estamos enfrentados a una discusión
acerca de la llamada píldora del día después
o anticonceptivo de emergencia, podría pensarse
que ya se ha escrito tanto que no valdría la
pena insistir ella. Sin embargo, al escuchar y leer
diversas declaraciones que han surgido en los últimos
días queda en evidencia que aún existe
mucha confusión acerca de los efectos y del uso
de este fármaco.
Ya no hay discusión a nivel científico,
y así lo consagran los laboratorios que fabrican
la píldora, de que uno de sus efectos es impedir
la anidación del embrión, es decir no
dejar que esta nueva vida iniciada con la unión
del óvulo y el espermio, continué con
su desarrollo.
Frente a este efecto, reconocido, algunos señala
que la píldora no sería abortiva, esta
argumentación es netamente semántica ya
que se basan para ello en la definición de embarazo
que entrega la OMS, donde se señala que el embarazo
comienza con la anidación del óvulo fecundado
y si éste no se produce no habría embarazo,
y por ende no habría tampoco aborto.
Entonces, la discusión no está radicada
en una cuestión científica acerca de si
se produce o no la muerte de una nueva vida, eso claramente
está establecido que es así, sino en determinar
desde cuando se considera que es vida. Esto, efectivamente,
es bastante más profundo y determinante.
Finalmente, hay que tener cuidado ya que al centrar
el debate en si debe o no venderse la píldora,
estamos eludiendo el problema de fondo, cual es como
evitar el alto embarazo adolescente que se produce en
nuestro país, lo que no se logrará tapando
la conducta que llevó a la necesidad de recurrir
a ella, sino que solamente formando de manera eficaz
y efectiva en el uso responsable de la libertad y voluntad,
palabras que no se escuchan en la actual discusión.
Paulina Villagrán
Fundación Chile Unido
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