| LA TERCERA, Carta enviada
el 25 de Julio 2005
Sin duda que ha crecido la opinión crítica
acerca de nuestra televisión. Si bien es de buen
tono criticarla, aunque dedicarle calladamente mucho
tiempo, mas de tres horas diarias y en los niños
mas de 4 o 5, algo está pasando en la opinión
de la gente. Se percibe un grado de saturación.
El idioma de este medio es complejo. Hay escenarios,
climas, música de fondo, fantasías que
en conjunto componen su expresión y es lo que
lo hace atractivo. También está compuesto
de la gestualidad, de los enfoques inesperados que dejan
a las personas indefensas en sus reacciones, frente
al público; muestran de algún modo su
interior, sin dejarles fingir o guardar su intimidad.
Sin embargo pareciera que el abuso de algunos de estos
recursos, la vulgaridad del lenguaje hablado y gestual
que se está generalizando, con pobres contenidos
de una cultura del pelambre, del cultivo del conflicto;
las generalizaciones de situaciones críticas
de violencia intrafamiliar o de carencia de delicadeza
en el trato a la mujer; la supuesta calidad de espejo
que devolvería al televidente, como propia, una
oscura y mediocre realidad, están empezando a
cansar al telespectador.
Hace tres años un 43% se confesaba insatisfecho;
hoy es un 60% lo hace y hay un 20% que prefiere el Cable.
¿No será hora de manifestar más
activamente nuestro desagrado? Mirando pasivamente lo
que nos desagrada mantenemos, sin embargo, este estado
de cosas. ¿Por qué no despertar y reclamar
ante el Consejo Nacional de Televisión? ¿Por
qué no utilizar los medios escritos para hacernos
escuchar? Sin nosotros los avisadores tendrían
que exigir más a los canales y mejoraríamos
lo que vemos.
Miguel Luis Amunátegui
Fundación Chile Unido
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