"Valores para el progreso"
 
 

JUECES
LA SEGUNDA, 22 de mayo de 2003

Sin duda los jueces son, de entre todos los operadores jurídicos, los más importantes. Sobre ellos reside la responsabilidad de aplicar la ley y los principios generales del Derecho, en la intimidad de su conciencia, muchas veces en contra del sistema político, que los presiona y los conmina. Por ello, el juez debe cuidar su independencia de un modo que para el ciudadano común puede resultar extraño, incluso desagradable o inamistoso. Sin embargo, tal actitud es necesaria para encontrar la verdad y la justicia en los casos concretos. Esto supone un cuidado que a veces se pierde en las sociedades, como la nuestra, gobernada por los medios de comunicación. Ninguno de nosotros puede entender la actitud del juez prudente sin un poco de esfuerzo: no cabe conceder audiencias a la platea, televisadas o escritas, a pesar del cerco que tiende la prensa, e incluso la propia vanidad. El juez no puede hablar de los procesos en curso como si fuera una estrella de la farándula, ni sugerir caminos sobre lo que ha de venir. Tampoco le es plausible sostener entrevistas con los otros poderes del Estado, salvo las necesarias para mejor resolver, siempre públicamente. La vida social del juez es una ruta árida, siempre al pie de la justicia, solitario muchas veces, una cruz abnegada, no cabe duda, pero también -y principalmente- un cimiento de la seriedad institucional de una nación.

El camino del juez es un camino de sacrificio. Debe cuidar hasta del más mínimo detalle, cosa que el resto de nosotros está exento de considerar. Todo puede ser malinterpretado, cualquier palabra de más tiene consecuencias que no pueden sospecharse. La soledad es su compañera, la justicia su norte. Ser juez constituye una de las actividades más altas y más honrosas de la vida pública, y ello entraña pagar el precio de la independencia y de la distancia.

Nuestro país debe ufanarse hoy, atendiendo los hechos por todos conocidos, de asistir a una renovación del espíritu judicativo, en sus más excelsos y difíciles momentos. La salud moral de un país exige de sus ministros silencio, trabajo duro y profundo compromiso con la verdad, pese a todo, a pesar de todos. Reciban mi más sentida felicitación, que nos hace abrigar esperanzas de un Chile mejor.

Profesor Raúl Madrid.
Consejero Fundación Chile Unido