Columna diario La Segunda, 24 diciembre 2008

El último Informe Global de Brecha de Género realizado por el Foro Económico Mundial y que evalúa a 130 países en términos de equidad entre hombres y mujeres, trae buenas noticias para Chile: subimos del puesto 86 en 2007, al 65 este año.
Sin embargo, y aunque el número de mujeres laboralmente activa ha aumentado en los últimos años, de 38,5% a 42%, Chile sigue siendo el país con mayor inequidad salarial en América Latina. El 80% de las mujeres que se encuentran en el mercado de trabajo lo hace en áreas relacionadas al trabajo doméstico, en donde las remuneraciones son bajas. Sólo un 13% ocupa puestos de gerencia y un 5% lo hace en cargos directivos de las empresas y su sueldo es inferior al de los hombres con igual puesto.
Aunque las explicaciones que se dan para estas diferencias pueden ser muchas y se han tratado de dar soluciones, como implementar políticas de paridad, nuestra experiencia nos indica que se requieren más miradas.
El problema de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo tiene que ver con la forma de trabajar y con la necesidad de crear un sistema que sea capaz de acoger las verdaderas necesidades de los trabajadores.
En los más de seis años trabajando en este tema, hemos podido comprobar que ahí está la clave. Según un estudio realizado por Adimark y Clínica Las Condes, el 73% de las mujeres considera que el ser madre es su principal forma de realización personal, que les gustaría tener tres hijos, pero sólo van a tener dos, y el 51% siente que debe postergar la maternidad para tener una mayor estabilidad laboral. Esto nos muestra que las mujeres chilenas queremos hacernos cargo del cuidado de nuestros hijos, pero tenemos que entrar al mercado laboral y acomodarnos a una situación que no nos ayuda a cumplir nuestro papel de madres. La necesidad de dividirse entre múltiples roles y la incompatibilidad para conciliar la vida familiar y laboral ha significado que el costo de incorporarse al mercado laboral sea muy alto.
La realidad demuestra que si se crean las condiciones en las empresas, el porcentaje de mujeres que trabajan aumenta y la posibilidad de ascenso para ellas puede ser una realidad.
El desafío hoy está en comprender que la verdadera demanda de la mujer es poder entrar al mundo que elige y crear las condiciones para que lo puedan hacer, lo que permitirá, finalmente, aumentar nuestros niveles de participación laboral femenina y disminuir la brecha salarial, aspectos tan necesarios para un país en donde la gran mayoría de las familias necesita de un segundo sueldo para vivir.

 
     
     
     
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