El tema “mujer y trabajo” está nuevamente en el tapete, claro que esta vez con un matiz distinto. Hace seis u ocho años atrás la discusión se centraba más bien en la baja tasa de participación laboral femenina. Hoy ésta, sin perjuicio que sigue siendo baja comparada con el resto del mundo y en especial con Latino América, ha aumentado por lo que la discusión se centra en otros puntos a saber: la brecha salarial y la escasa participación de la mujer en cargos directivos. Pero ¿qué nos dicen las cifras? Según el último informe de empleo del OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), las mujeres a nivel mundial ganan un 17 % menos que los hombres. En nuestro país la cifra alcanza el 30% llegando al 56% en el caso de doctoras o magíster. En cuanto a la participación de las mujeres en puestos directivos: 6,7 % es la cifra oficial. Ahora, un estudio realizado por la empresa de head hunting “Heidrick & Struggles” en el período 2002-2008, publicado recientemente, señala que la cifra ascendería al 13% (cabe señalar que el promedio en América Latina es del 18%).
Al margen de las opiniones que esto pueda generar o si estamos a favor o en contra de esta realidad, me parece que el tema de fondo es otro y respecto al cual vale la pena profundizar. ¿Es necesaria una mayor incorporación de la mujer al mundo del trabajo? Y si es así ¿cuáles son los factores que dificultan su acceso al mismo? Son muchas las aristas que presentan estas preguntas así como muchas las respuestas, pero quisiera detenerme en dos: las dificultades que se le presentan a la mujer para ingresar al mundo laboral y ascender y la necesidad que existe para que como sociedad nos hagamos cargo de este tema.
Respecto a la primera pregunta e independientemente del nivel socio económico y educacional que presente la mujer, ésta se topa con dos grandes obstáculos definidos por la economista española Nuria Chinchilla como el “techo de cemento” y el “techo de cristal”. Ambos son las caras distintas de una misma moneda y dicen relación con las dificultades que se presentan para conciliar la vida familiar y laboral. El primero se refiere a las dificultades que pone la propia mujer para entrar al mundo laboral y ascender y el segundo con las que le pone la empresa. Definido esto, podemos pasar a la segunda de las preguntas esbozadas en el párrafo anterior, cual es, por qué es conveniente que la mujer se incorpore al mundo del trabajo. En este punto podemos resumir en dos las “necesidades de tipo país” que se presentan: crecimiento económico y fortalecimiento del capital social actual y futuro.
El aporte desde el punto de vista económico no es una gran novedad y dice relación con el crecimiento, el aumento del ingreso per cápita, la disminución de las familias bajo la línea de la pobreza, etc. En cuanto al fortalecimiento del capital social, aquí se presenta un desafío no menor que exige una serie de cambios que de producirse sólo darían cuenta que estamos en una sociedad que ha sabido enfrentar sus dificultades y ha sido capaz de responder coherentemente a ellas, en pocas palabras, una sociedad que ha logrado dar pasos hacia delante y avanzar.
Siguiendo con la idea señalada en el párrafo precedente, todos somos responsables y artífices de lo que ha de venir. Desde esta perspectiva se requiere: la voluntad para crear las políticas públicas necesarias y comprometidas con favorecer, por ejemplo, una mayor flexibilidad laboral entendiendo por tal un sistema integral que pueda ser adaptado de acuerdo con la naturaleza de cada uno de los sectores productivos y la realidad específica de sus trabajadores.
Asimismo y sin dejar de reconocer que algunas ya tienen el camino bastante recorrido y que hoy gozan de sus beneficios, es imprescindible que las empresas sigan realizando lo propio y continúen implementando políticas de conciliación familia y trabajo para sus empleados.
La sociedad civil también tiene mucho que decir ya que de sus posibilidades de organización y acción dependerá que se concrete aquello que por definición no puede ser realizado directamente ni por la empresa ni por el estado y que no es otra cosa sino que actuar como catalizador y facilitador de estos cambios.
Finalmente está la familia, llamada a enfrentar la situación valiéndose de todos sus recursos para que la salida de la madre del hogar no la perjudique sino la beneficie y enriquezca. Para ello, se necesita de padres que asuman su paternidad y se incorporen a la crianza de sus hijos y de abuelos que actúen como las redes de apoyo que en la práctica son, entre otros.
Así las cosas, podemos concluir que el tema “mujer y trabajo” da para abordar estos temas y muchos más. Sin embargo, parece importante también señalar que la idea hoy no es sólo reflexionar sino también ampliar la mirada y empezar a actuar para que aquello que aparece como deseable se transforme, finalmente, en realidad. |