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En los resultados dados a conocer a la opinión
pública por el INJUV, que se contienen en la
V Encuesta Nacional de Juventud, hay una cifra que al
analizarse en mayor profundidad da cuenta de una realidad
que están viviendo los jóvenes chilenos
y que llaman a una reflexión más profunda
.
Cuando se les consulta a los entrevistados acerca de
su vivencia con el embarazo, se concluye que una de
cada tres jóvenes lo ha vivenciado, destacándose
importantes diferencias por sexo y por nivel socioeconómico.
Así las mujeres, lo han vivido mucho más
que los hombres (como padres), 42% versus 18,2% respectivamente
y las jóvenes de sectores más vulnerables
económicamente de la población donde el
37,4% del sector D y el 36,1% del E han experimentado
un embarazo no planificado.
Estas cifras nos podrían estar dando cuenta de
una realidad preocupante. En primer lugar, por el hecho
de que las jóvenes están viviendo su embarazo
solas en un alto porcentaje, lo cual acrecentaría
el problema futuro de la jefatura de hogar femenina
y la ausencia de padre en la crianza y formación
de los hijos, y en segundo término porque se
trata de una perpetuación del círculo
de la pobreza, tanto de la mujer como de los niños.
De acuerdo a la última Casen, 2006, el 56% de
los niños menores de 4 años en Chile,
viven en hogares pobres mayoritariamente con jefatura
femenina joven . (1)
Al analizar más en profundidad esta situación
y procurar buscar sus causas son varias las razones
que pueden estar explicando el hecho:
Una primera causa, podría encontrarse en que
las políticas de educación sexual que
buscan eliminar el embarazo adolescente, no están
siendo efectivas. Este diagnóstico, que aparentemente
resulta ser bastante compartido por distintos sectores,
no lo sería tanto si analizamos las razones del
fracaso de las políticas de sexualidad.
Es así como para algunos sectores esto se debe
al poco acceso a métodos anticonceptivos de ciertos
sectores de la población, y desde el otro extremo,
precisamente al hecho de centrar la educación
sexual adolescente en la anticoncepción más
que en la formación integral de la sexualidad.
Otro factor que incide en el alto embarazo adolescente
de sectores de menores recursos se debe a la falta de
oportunidades tanto laborales como de futuro para este
sector de la población. Chile ocupa el último
lugar de participación laboral juvenil de la
región según el último estudio
de la OIT (2) y la maternidad le da a una joven de escasos
recursos precisamente un sentido y proyecto a su vida
.
Finalmente, un tercer elemento que podría estar
influyendo en este comportamiento dice relación
con la falta de límites y autoridad paterna.
De acuerdo a lo que recientemente entregara como resultado
la encuesta PUC- Adimark 2007 dicha autoridad se ha
visto de debilitada en los últimos años
de manera importante. El 60% se refiere a la autoridad
paternal como muy blanda y permisiva ,y uno de cada
10 chilenos no conoce a su padre.
Rara vez las causas de un comportamiento de riesgo,
como el embarazo adolescente es una, más bien
la suma de los factores antes mencionados están
llevando a esta realidad nacional que impactaría
negativamente en nuestro capital social.
Sólo al hacernos cargo como sociedad de este
fenómeno podremos actuar de verdad en la modificación
de las conductas sexuales adolescentes y de paso disminuir
el índice de embarazo juvenil, actuar conjuntamente,
desde la familia en primer lugar, con un Estado apoyador
de los roles familiares y paternales y una sociedad
que se preocupe de darle oportunidades a sus futuras
generaciones podremos transformar el aporte juvenil
en un círculo virtuoso y disminuir la pobreza
femenina e infantil.
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1 La Tercera 10 de agosto 2007
2 La Tercera 22 de noviembre 2007
Paulina Villagrán
Directora de Estudios
Fundación Chile Unido.
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