Nuria Badenes Plá
Catedrática de la Escuela de Ciencias Empresariales.
Universidad Complutense de Madrid.


La pobreza se mide tradicionalmente como un fenómeno monetario, si bien las raíces del problema son mucho más complejas que la simple carencia de renta, consecuencia de otras carencias que hacen que la situación de pobreza perdure. Por ejemplo, es mucho más peligroso situarse en una situación de carencia de renta moderada siendo mujer, anciano o sin contar con estudios, que sufrir una verdadera privación siendo hombre, joven o con formación universitaria. Ello se debe a que ciertas circunstancias hacen que la caída en la pobreza sea más probable y la salida de la misma, más complicada. Por ello, aunque la manifestación más obvia de la pobreza sea la carencia de renta, no es pobre simplemente el que carece de recursos económicos mínimos, es un pobre en potencia aquel que carece de formación, de empleo, de vivienda digna o de expectativas de futuro, aunque de momento cuente con recursos económicos suficientes.

Los Gobiernos no pueden olvidar dentro de los programas de bienestar la lucha contra la pobreza, y si bien dichos programas se instrumentan habitualmente vía dotación de recursos económicos, las raíces del problema son más profundas. Las soluciones, por tanto, deben abarcar medidas de diversa índole si la pretensión es la prevención de la pobreza desde una perspectiva de largo lazo y no solamente “apagar un fuego” tratando de ayudar exclusivamente a los que ya son pobres. En definitiva, debe tenerse en cuenta que es mucho mejor enseñar a pescar que proporcionar los peces, y las políticas de transferencias monetarias -muy necesarias- sacian el hambre momentánea, pero no pueden ser la única medida de lucha contra la pobreza, que habrá de complementarse con actuaciones fundamentalmente educativas y de promoción laboral.

Existen dependiendo del contexto temporal y espacial, distintos colectivos más proclives a ser pobres en cada país, si bien ciertos grupos sociales aparecen sistemáticamente como más vulnerables que el resto. La mujer es uno de estos colectivos, y la razón está ligada a los cambios sociológicos y en la composición familiar acontecidos en las últimas décadas. En las dos últimas décadas en Europa se han dado fenómenos que alteran las tendencias tradicionales: caída de la tasa de nupcialidad, el aumento de los divorcios y a la constitución cada vez más generalizada de parejas de hecho. Las familias cada vez están menos constituidas de la forma tradicional, puesto que la gente se casa menos y se divorcia más. Las familias se muestran además cada vez más inestables con un incremento continuado de la tasa de divorcios en el tiempo para todos los países de la UE salvo los de Europa del Este, de reciente incorporación a la Unión. Ello es importante desde el punto de vista familiar, ya que el divorcio no afecta a dos personas, sino a toda la estructura familiar.

Es interesante ahondar algo más en lo referente a hogares unipersonales, que en Europa se encuentran encabezados mayoritariamente por mujeres. Estos hogares, por ser la mujer la única proveedora de recursos (con menores salarios, formación y mayor probabilidad dedesempleo) tienen mayor probabilidad de caer en la pobreza, con la pérdida de calidad de vida que ello conlleva a los miembros más débiles del hogar, los niños.
Si se aprende de la experiencia europea que parece empieza a extenderse a países como Chile, será más fácil luchar contra las consecuencias indeseables que conllevan los cambios ligados a la ruptura familiar y la monoparentalidad. Cada vez es más común encontrar mujeres solas con algún hijo, que con mayor probabilidad que otros grupos se encontrarán en situación de pobreza. No esperemos pues a que esto suceda: será mejor prevenir que curar, estimulando la formación de las mujeres, su incorporación al mercado laboral, su capacidad de independencia mediante medidas conciliadoras de la vida personal y laboral. Proporcionar recursos económicos es necesario, pero no suficiente. Las medidas monetarias suponen un alivio necesario de la pobreza, pero no la cura de la misma. Aún se está a tiempo de planificar situaciones que previsiblemente acontecerán en Chile igual que en Europa.

 
     
     
     
FUNDACION CHILE UNIDO
Llámenos al 2180052 o contáctenos a fundacion@chileunido.cl