Noviembre 2007

Los cambios sociodemográficos que está viviendo el país son causa suficiente para hacer un llamado de reflexión y en lo posible de proyección. Datos como la baja tasa de natalidad y nupcialidad, disminución de matrimonios, el aumento de familias monoparentales y de hijos fuera del matrimonio, son algunos a considerar. Teniendo claro que el sector público no puede estar ajeno a estos cambios y que tanto la Familia como el Estado se retroalimentan en su crecimiento es que se puede tomar conciencia de la lectura de datos que están en la discusión pública y que afectan el fortalecimiento de la Familia.

Las últimas cifras del INE muestran que la tasa de natalidad alcanzó a 1.9 hijos por mujer en edad fértil, siendo que se estima que el mínimo de reposición de la población es de 2.1, entonces se hace evidente que la población chilena empezará a envejecer si no se toman las medidas necesarias. Hace algunos años países de la Unión Europea vivían la misma realidad, tal es el caso de España donde el Estado ha tenido que implementar políticas que favorecen la natalidad tras enfrentarse con la más baja tasa de natalidad a nivel mundial (0,8), es así como en 2000 la ley incorporó una asignación por nacimiento de hijo.

Asimismo, al enfrentarse España a un alto número de dependientes en la población, el porcentaje del gasto en seguridad social creció de 10.69% en 1985 a 16.81% en 2005 y con ello la implementación de una serie de políticas dirigidas a entregar apoyo e incentivo a las familias, como otorgar una alojamiento alternativo en caso que el adulto mayor no tenga un hogar propio, creación de centros sociales, escuelas infantiles y centro de encuentros para los niños, entre otros.

Volviendo a nuestra realidad, Chile no sólo demuestra ser una sociedad con preocupantes cifras de natalidad, resulta que en el contexto familiar la tasa de nupcialidad el país es líder en la escasez de matrimonios, alcanzando sólo una tasa de 3.4 por cada mil habitantes, dejando atrás a países como Dinamarca (6.5), Irlanda (5.1) y España (4.9), entre otros. Cifras como estas son fiel reflejo de una familia que está viviendo grandes cambios, pero que en medio de todos estos índices algo parece ser alentador respecto a las experiencias vividas por otros país y es que todavía estamos a tiempo para comenzar a actuar, de manera decidida y prevenir algunas situaciones que hoy viven los países desarrollados, creemos que el hecho de pagar a las personas para tener hijos no es el mejor camino, esto deshumaniza y corre el peligro de cosificar a los hijos. Por otro lado, estamos a tiempo de generar una nueva cultura, donde los hijos y adultos mayores no sean más llamados “cargas”, está en nuestras manos revalorar el sentido de satisfacción del hacer y ser familia no sólo mirado como una ecuación económica.

No cabe duda que Familia y Estado deben actuar de manera conjunta, el rol de la familia es prioritario en la formación del capital humano lo que contribuye al capital social clave del desarrollo de una sociedad. Asimismo, el Estado a través de sus políticas públicas, acciones e incentivos, también contribuye a que la familia desempeñe adecuadamente las funciones prioritarias que le corresponden. De esta forma, Familia y Estado se complementan y generan importantes beneficios para una nación.

 
     
     
     
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