| EL MERCURIO, 4
de julio 2007
En el artículo publicado recientemente en su diario acerca del incentivo a la natalidad que se está entregando en España de 2.500 euros por nacimiento de un hijo, y respecto de la imposibilidad de aplicar una política similar en Chile, resulta interesante analizar un poco más en detalle esta normativa, ya que ella se enmarca dentro de una política mucho más amplia y global.
No sólo los españoles, sino que la mayoría de los países europeos como Australia, Japón y otros países desarrollados buscan revertir esta baja fecundidad a través de una serie de políticas que además de entregar incentivos económicos a las familias por tener hijos, buscan promover una cultura pro familia e involucrar tanto al Estado como a la sociedad civil en este proyecto.
Algunos ejemplos que resultan interesantes son: modificar el sistema tributario donde los cónyuges tributan como familia en vez de cada uno como contribuyente individual, con una base imponible más baja; establecer subsidios para cambio de vivienda cuando aumenta la familia y cuando es necesario ampliar la casa; los gastos de educación, salud y otros se descuentan como costos. Se premia a las empresas familiarmente responsables.
Existe un incentivo a la flexibilidad laboral en sus más variadas formas, políticas públicas de apoyo al cuidado de los hijos no sólo hasta el año de vida, subsidio para guardadoras, compatibilizar horarios de colegios y jardines con las jornadas laborales, etc.
Estas políticas públicas y privadas se enmarcan dentro de una estrategia para apoyar la familia y fomentar los índices de natalidad. Muchas de estas iniciativas pueden ser aplicadas por nuestro país sin tener que llegar a pagar por los hijos que nacen.
Paulina Villagrán V.
Directora de estudios
Fundación Chile Unido.
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