| DIARIO EL MERCURIO, 23
de abril 2007
Recientemente el país fue espectador
de cómo un joven de 19 años atacaba en
forma violenta y sin explicación a una conocida
magistrada. Posteriormente, el mundo entero se conmovió
con la tragedia vivida en Virginia, EEUU, donde fueron
asesinadas 32 personas. Si bien son hechos incomparables
en su magnitud, las bases son las mismas, la violencia
intrínseca en los sujetos protagonistas.
Aunque no existen estadísticas recientes sobre
el aumento de violencia juvenil, los acontecimientos
diarios y las reacciones ante determinados hechos demuestran
que estamos ante un panorama desalentador.
Próximamente comenzará a operar la nueva
ley de justicia juvenil, pero no olvidemos que es una
medida judicial y no necesariamente va a erradicar la
violencia en los menores. Sin pretender cuestionar esta
medida, el tema a profundizar va más allá
de lo judicial, es el cómo estamos educando,
qué valores estamos entregando como padres y
autoridades, cómo se están atacando factores
como el uso de las drogas y alcohol, escasa supervisión
y control de los niños y jóvenes, violencia
intrafamiliar, débiles lazos afectivos, padres
antisociales y fracasos académicos, entre otros.
Es en la familia, donde los hijos deben ser formados
en el amor, ese que sabe actuar con inmenso cariño,
pero también con firmeza si es necesario. Con
el ejemplo y testimonio de los padres de acuerdo a valores
y criterios claros no habrá lugar a los dobles
estándares. Como sociedad nos falta creer más
en la familia como tal, llamada por derecho natural
a desarrollar todas las potencialidades de la persona
humana en un clima de libertad y responsabilidad.
Carolina Cruz
Fundación Chile Unido
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