| DIARIO EL MERCURIO, 21 de octubre 2006
Señor Director:
Cada día vemos con más frecuencia titulares que hablan de mujeres golpeadas por sus maridos, de madres que se lanzan al vacío con sus hijos, de guaguas brutalmente golpeadas por alguno de sus padres.
¿Qué está pasando al interior de las casas en Chile? ¿Por qué hay tanta violencia, rabia y frustración, que nos están llevando a atentar contra nuestros seres más queridos y en definitiva contra nosotros mismos? ¿No será que estamos viviendo una cultura demasiado individualista, en que cada familia vive su metro cuadrado y donde ni siquiera conocemos a nuestros vecinos? Preguntarse si la familia está o no en crisis es materia de largo debate, pero claramente enfrenta varios problemas.
El colapso de los tribunales de familia lo dejó en evidencia y las nuevas modificaciones a la ley, si bien superan el atochamiento, no solucionan los conflictos de fondo. Es necesario analizar urgentes medidas preventivas que apunten a mejorar las relaciones humanas, a comunicarse más fluidamente entre marido y mujer y entre padres e hijos. No podemos judicializar todo y creer que una ley salvará por sí sola el destino de nuestras vidas. Tal vez cada barrio o comuna de este país debiera tener un centro integral de ayuda familiar y en definitiva mejores redes de apoyo. Las Naciones Unidas se han referido a la familia como el corazón invisible de la sociedad. Si ese corazón empieza a fallar es necesario ponerle marcapasos, pero ojalá nos preocupáramos de su salud antes de que le dé un infarto.
MARÍA PAZ LAGOS
Cómite Editorial Fundación Chile Unido
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