DIARIO EL MERCURIO, 27 de agosto 2006

Señor Director:

En Fundación Chile Unido hemos seguido con interés y preocupación el debate que se ha venido desarrollado a través de esta sección, sobre la criopreservación de embriones humanos.

Interés, porque el respeto y defensa de la vida desde sus inicios es un tema que está en directa relación con la declaración de principios de la Fundación; preocupación, porque pensamos que la discusión pierde su verdadero foco.

En efecto, creemos que las buenas intenciones de un doctor que, durante su carrera se ha encontrado a diario con el sufrimiento de parejas que no pueden concebir un hijo, no está en duda. Asimismo, y dentro de este esquema, creemos que es válido que luchen, doctor y pareja, por conseguir su objetivo. Sin embargo, pensamos que lo que no es válido, es el dejar de reconocer que las técnicas de criopreservación utilizadas, en algunos casos, para lograrlo, desgraciadamente, representan una manipulación de la vida en sus inicios y un atentado a la dignidad de los embriones que se congelan. ¿Qué pasará después si muere la madre o tal vez el padre, o si la madre ya no puede seguir embarazándose, o simplemente, si falta espacio para almacenarlos? Son muchas las interrogantes y pocas e inciertas las respuestas.

La discusión de fondo es mucho más profunda. Se centra en el respeto de la vida humana desde sus inicios y en el derecho a su posterior desarrollo una vez que ha sido gestada. No nos confundamos, en la medida que aceptemos esto y lo reconozcamos, recién podremos sentarnos a conversar sobre un tema que sin lugar a dudas, presenta la doble cara de una misma moneda.

M. Cristina de la Sotta F.
Directora Ejecutiva

Fundación Chile Unido

 
     
     
     
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