DIARIO EL MERCURIO, 21 de julio 2006

Señor Director:
Para afrontar la delincuencia, no sólo se deben analizar los aspectos policiales y judiciales como ha sido, hasta el momento, la tónica de las propuestas para perfeccionar un problema que actualmente se erige como la máxima preocupación de los chilenos. Es de toda lógica que una política antidelincuencia, además, debe tomar en consideración la prevención.

Una de las principales causas que explica los altos niveles de delincuencia es el uso de distintas clases de drogas. En el 2005, Paz Ciudadana realizó un estudio sobre el consumo de estas sustancias a detenidos mayores de edad de la Región Metropolitana. 73% de los arrestados había consumido droga. De ellos, 87% cocaína y el 55% marihuana.

La experiencia internacional no es discordante a nuestra realidad. A través del informe sobre drogas, delincuencia y violencia de la Junta de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas, se confirma que una de las razones sustanciales para cometer delitos es lo que se denomina como economía compulsiva. Esto es, que delitos asociados a un alto nivel de violencia se cometen para generar dinero con el fin de comprar droga.

El fundamento de las futuras políticas públicas debe orientarse no sólo a disminuir la reincidencia con programas de rehabilitación de drogas para delincuentes sino que, además, debe invertirse fuertemente en la prevención de su consumo.

La importancia de la prevención ha demostrado ser un factor clave en la disminución de los delitos. Si bien esta es una inversión de mediano y largo plazo, no por eso debe dejarse de lado. Al contrario, la rentabilidad de políticas públicas basadas en este principio es mucho mayor que la represión y más efectiva que la rehabilitación.

Paula Schmidt M.
Fundación Chile Unido

 
     
     
     
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