| EL MERCURIO, Puntomujer,
2005
Toda una sociedad o mejor dicho,
una verdadera alianza estratégica entre un hombre
y una mujer es formar una familia.
María José Errázuriz L.
Matar dos pájaros de un tiro. Esa podría
haber sido la consigna que la Fundación Chile
Unido y el Grupo Security debieron usar al convocar
al seminario “Ni mujer de hierro, ni hombre de
algodón” cuyo objetivo era debatir sobre
la conciliación posible entre familia y trabajo.
Dos pájaros de un tiro, porque cualquier hombre
de negocios que escuchó la charla del inversionista
americano Tom Hirschfeld sobre la familia y sus características,
repasó además, las herramientas de negocios
que son útiles para manejar una empresa.
Destacado hombre de negocios e inversiones financieras,
Hirschfeld escribió junto a su espoa el best
sellers “Papá empresario: cómo un
buen hombre de negocios puede ser un gran padre y viceversa”
y según su visión, la alianza estratégica
más importante que un ser humano puede establecer
a lo largo de su vida es la familia.
Sin reconocerse un experto en temas de familia ni de
mujer, Hirschfeld aseguró que tanto el rol de
empresario como el rol de padre requieren las mismas
habilidades: empatía, saber escuchar, saber negociar
y muchos veces ellos se aprenden en el hogar y se llevan
a la empresa.
Aclaró que la familia, al igual que todo “joint
venture” o alianza estratégica entre dos
empresas o personas, requiere de ciertas condiciones
previas. Así, antes de asociarse se debe tener
un profundo conocimiento mutuo; aportar en forma equitativa
a la sociedad y establecer un mecanismo de resolución
de controversias.
Hirschfeld dijo que aún las mejores empresas
no van a entrar a un joint venture hasta que ambas partes
se hayan estudiado detenidamente y ese conocimiento
debe continuar en forma permanente porque a medida que
se avanza, las partes van cambiando. En el caso de una
pareja, eso pasa cuando se convierten en padres.
Para tener éxito en una alianza estratégica
se requiere de una planificación, es más,
a juicio del empresario, aquellas empresas que no se
preparan, se preparan para el fracaso. Y por eso, se
deben discutir temas prácticas y emocionales.
Tal como en un joint venture, la pareja o padres deben
tener una responsabilidad igualitaria y fue categórico
en indicar que si un padre quiere tener influencia en
sus hijos debe tener responsabilidades. Postuló
como errado creer que quien aporta mayor patrimonio
o dinero tiene más derechos para imponerse.
Hirschfeld insistió en que se padre y madre es
un trabajo arduo, que requiere de consensos y por eso,
no es justo que uno de ellos monopolice las decisiones.
”Entre mayor trabajo pongamos en el proyecto mayor
va a ser la propiedad que tendremos sobre él”
, dijo.
Solución de controversias
Al respecto, señaló que las mujeres tienden
a asumir la mayor responsabilidad porque sienten que
la sociedad se los exige, con ello se tornan obsesivas
y los hombres se sienten aliviados. Pero advirtió
que los hijos necesitan de ambos padres y finalmente,
si la madre asume toda la responsabilidad terminará
quemándose, resentidas.
Los resultados de una madre resentidas es que finalmente,
programa todo sin consultar y no entrega información
clave a su pareja. “Hacer que un padre se sienta
un visitante va en el sentido contrario y menos lo hará
comprometerse”, aseguró.
Sobre la necesidad de discutir los temas, Hirschfeld
sostuvo que la pareja debe conversar las cosas en forma
explícita porque así se evitan interpretaciones
erradas tales como creen que el hombre es indiferente
a ciertas cosas, cuando la verdad es que es distraído.
También planteó que se debe negociar la
forma cómo cada uno va a aportar a la sociedad.
“La división del trabajo debe ser revisada
permanentemente porque a medidas que los hijos crecen,
cambian las necesidades”, aclaró. Y en
este proceso, se debe tener claro cuales son las competencias
de cada uno, porque claramente el hombre será
eficiente en algunas áreas y la mujer en otras.
“Una de las cosas más importantes es cuidar
al otro, porque el otro no es un oponente, es parte
del equipo”, indicó.
Tom Hirschfeld apuntó además a los mecanismos
de solución de controversias que debe utilizar
una pareja; indicó que de nada sirve que uno
siempre esté en desacuerdo o que siempre estén
los dos de acuerdo. “Eso es inútil”,
dijo.
“Incluso en las sociedades más exitosas
hay diferencias”, sostuvo y manifestó que
los desacuerdos permiten dar luz sobre temas importantes
para la familia. En todo caso, advirtió que los
desacuerdos no se pueden resolver delante de los hijos,
porque ellos terminarán tomando parte por quien
los apoya y se apropiaran de los argumentos.
Indicó que las discusiones sobre la formación
de los hijos deben ser privadas, pero en otros temas
pueden ser frente a ellos para que los niños
vean en el ejemplo que las diferencias se pueden resolver
conversando.
“Crear desacuerdos permanentemente quiebra la
lealtad y la permanencia en el hogar”, advirtió.
Tom Hirschfeld remarcó que la familia y el trabajo
se pueden complementar, no tienen porque ser competitivos
y apuntó a estudios de Harvard donde se ha comprobado
que existe una correlación entre los padres que
tienen habilidades con el liderazgo profesional.
|