| LA HORA
Debemos agradecer el haber vivido en el momento histórico
que nos tocó, y así haber sido partícipe
del “imperio” de Juan Pablo II. Su testimonio
de entrega, convirtió su deceso en uno de los
acontecimientos más emocionantes que me ha tocado
presenciar.
Porque cuando hace veintisiete años salió
humo blanco por la chimenea vaticana, estoy segura de
que nadie dimensionó que comenzaba la gran era
de este hombre, que marcaría profundamente a
todos quienes tuvieran la oportunidad de conocerle.
Sobre su obra y su legado se ha hablado mucho, por lo
que no vienen al caso las redundancias, sino las reflexiones.
¿Cómo puede un ser humano movilizar al
mundo de esa manera? Creo que la respuesta es simple:
bondad. ¿A quién no atrae la bondad?
La continuidad de su legado es la gran esperanza del
mundo católico en las tareas del nuevo Pontífice.
MARIA ELENA MUNITA G.
Fundación Chile Unido
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