DIARIO LA HORA, 5 de septiembre 2006

Sin ser biólogo, médico, científico ni nada que se le parezca, me atrevo a participar en la discusión que se ha generado a raíz de la llamada “criopreservación” o congelamiento de embriones y el inicio de la vida.
Nadie pone en duda que el congelamiento de embriones es una técnica que se ha desarrollado para solucionarle el terrible dolor que le significa a una pareja no tener hijos. Pero es necesario también responder a los cuestionamientos éticos que los adelantos médicos nos presentan.
La ciencia ha probado que con la fusión de los núcleos de ambos gametos, espermatozoide y óvulo, se forma un cigoto, que ya es una nueva vida. Aunque incipiente, tiene todo lo necesario para desarrollarse como persona. Incluso cuando son dos células, ya están diferenciadas en zonas. Ahí comienza el proceso de división celular, que aunque tenga distintos nombres como forma de estudiarlos, es un continuo que sólo termina con la muerte.
Si se cree eso, difícil será discutir que desde el primer momento, hay vida, que esa vida es humana y que, por lo tanto, sujeto de dignidad.

Cecilia Fontaine T.
Fundación Chile Unido

 
     
     
     
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