"A partir de la Mujer"  
   
 

La Cuarta, 2005

Entre ciertas personas existe la tendencia a sentirse culpable por todo y por nada.
Esto acarrea múltiples problemas de baja autoestima, inseguridad y desadaptación; sobre todo
si se trata de un adolescente. Cuesta hacerle entender que no es
culpable de nada, salvo de sentirse así y de no hacer algo por quitarse ese peso de encima.

Según Aurelia, los problemas entre su marido e hijo primogénito son de siempre. Cuando llamó al programa Comunícate de la Fundación Chile Unido en julio pasado, habló de una guagua llorona que molestaba a su padre, de un niñito que sólo dejaba que la mamá le diera la comida, de un papá que le exigía demasiada responsabilidad a su hijo pequeño, de un padre que se enrabiaba porque el hijo adolescente no metía goles o no se sacaba mejor nota que un cinco. “Los roces son de toda la vida. Rolando no le tenía paciencia, decía que era mañoso y regalón mío. Lo trataba mal y entonces el niño rompía en llanto con sólo verlo. Era como un círculo vicioso y yo me volvía loca”.
Estos problemas – asegura Aurelia -, no existen con los otros hijos de la pareja. La mala relación sólo se da entre Rolando y Pedro de actuales 18 años. Después de él, la pareja tuvo tres niños más. Cuando el menor tenía tres años, ellos se separaron amistosamente. “Nuestro matrimonio simplemente se desgastó. Influyó una cesantía de cuatro años de mi marido, la muerte de mi mamá que vivía con nosotros, las estrecheces económicas, en fin, ¡una cantidad de cosas que nos han pasado! A mí Dios me dio mucha fuerza porque siempre he logrado salir adelante, pero ahora parece que se cansó de ayudarnos, o será que estoy más vieja y cansada, la cosa es que este niño, el Pedro, lo está pasando muy re mal y se echa toda la culpa y na’ que ver. Si su padre es un tipo requete fregado, pero ¿cómo convenzo al Pedro de eso? Mi temor es que se me meta en la droga. Le ha dado por irse solo por ahí”.

El chiquillo se contactó con la Fundación a la vuelta de sus vacaciones de invierno. Está en tercero medio de un colegio en La Reina que queda a pocas cuadras de su casa. Su voz es muy baja. La impresión es que tenía muchísimo que decir, que llevaba demasiado tiempo guardando silencio.
En resumen se puede decir que la vida de Pedro consistió en tratar de darle gusto en todo a su padre. Entre los siete y diez años confiesa haberse rebelado muchísimas veces, pero que no sacaba nada. “El viejo se ponía más pesado y regañón, más intratable; parece que fue ahí que comencé a cambiar. No sé bien porqué. Si le llevaba el amén, entonces como que no las emprendía conmigo”.
El problema fue que Pedro, en un anhelo inconsciente de hacerse invisible para que el padre no lo molestara más, desapareció como individuo en un sentido metafórico. Se metió dentro de sí, aislándose de su familia, la escuela y el mundo. Casi no hablaba, casi no interactuaba con sus compañeros. No quería molestar, no quería que lo vieran, quería desaparecer del mundo hostil lleno de exigencias que no se sentía capaz de cumplir. Y a mayor aislamiento, a mayor incomunicación, obviamente que sobreviene la inseguridad y luego la auto recriminación. ‘Yo no soy capaz, yo no me la puedo, soy penca, soy malo, soy flojo, no sirvo para nada. Las palabras que antes le lanzaba su padre, ahora se las estaba diciendo a sí mismo, al punto de autoconvencerse que era un bueno para nada. “Un mediocre que no encaja nada”, en sus propias palabras.

Repasando su historia de vida, se descubrió que fue un hijo muy deseado por Aurelia y que ella se entregó por completo a él, olvidándose de su marido e, incluso de los hijos que siguieron llegando. Y Pedro no sólo contaba con el amor incondicional de su madre, también de su abuela que vivía en la casa. ¿Cómo no iba a sentir celos Rolando? Él quedó relegado a un segundo plano mientras la guagua malcriada ocupaba el trono. Ahí ya comenzaron los problemas. Un problema de celos no reconocido, no trabajado. Aurelia hoy reconoce que fue un crío tremendamente llorón por un problema de reflujo no detectado. Sin embargo, en ese entonces, ella jamás aceptó este hecho. Para ella el niño era un angelito y nadie le podía encontrar nada malo.
Mientras Pedro crecía, más disgusto le producía a Rolando, quien se quejaba de que era apollerado. “Y yo me sentía tal cual – relata el adolescente. Ya en esos años me cargaba como yo era; mis amigos eran bien gallos y yo pegadito a mi mamá. De mi papá huía; me daba perfecta cuenta que no me soportaba. Como que yo lo irritaba donde me iba mal en el colegio y no tenía amigos. No me quedó otra que meterme en un mundo propio. Sentía que no encajaba en ningún otro”.
El temperamento culposo de Pedro salió a la luz con la separación de sus padres. No entendió que el matrimonio venía mal hacía tiempo y que él nada tenía que ver en su toma de decisión. Rolando también tenía problemas con sus otros hijos. Sin embargo, Pedro manifestaba "Sentí que todos los problemas eran por mi causa, por mi egoísmo y falta de iniciativa. Me sentía tan débil”.

Pedro, después de una terapia de cuatro meses, entiende que no tenía que pedirles perdón de nada a sus padres. Entiende que él está libre de toda culpa en el tema de la separación.
Hoy, Pedro también entiende que él tiene que producir un cambio en su vida. Tiene capacidad demás para hacerlo. En las tardes no anda deambulando por ahí como creía su madre. No, Pedro trabaja con un sacerdote de su parroquia, y se dedicó todo el año pasado a ayudarlo a formar un grupo de jóvenes misioneros. En este momento, esos veinticinco chiquillos y chiquillas andan de Temuco para la costa. Aurelia contó que partieron felices en tren. Ella fue a la estación a dejarlos, “y me dio gusto ver al Pedro; se le veía feliz dirigiéndolos a todos. Yo diría que está en su salsa”.
Al dejar las culpas, Pedro puede mirar con más objetividad. Al valorarse, mejora su autoestima y se siente más seguro. La labor que está desempeñando con los niños, le ayuda en este sentido y le da fuerzas para seguir adelante y sentir que puede ser querido, que tiene un lugar en el mundo y que tiene mucho para dar.

 
     
     
     
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