"A partir de la Mujer"  
   
 

La Cuarta, 2005

Se amaron intensamente, pero en su fuero interno sabían que estaban obrando mal.
Había una tercera persona involucrada en su relación, una esposa inocente
que estaba siendo engañada. Entonces decidieron separarse, pero ahora ella confiesa estar muy triste. Le prestamos oreja y le sugerimos escribir lo que siente. Eso la está ayudando.

Lucía tiene 32 años y es muy atractiva. Es enfermera y tiene un puesto importante en una conocida clínica privada de la capital. Cuenta que desde su época de estudiante en la Universidad de Chile ha debido cuidarse de las miradas insidiosas de algunos médicos y pacientes. “Aprendí a andar con luz roja hace años. No hago caso de los piropos, no creo todo lo que me dicen y me pongo seria o contesto con una talla y chau. Siempre tuve claro que no quería enredarme con cualquiera porque ya había conocido el fracaso sentimental y la próxima vez que me enamorara, sería con el hombre correcto. De volverme a casar – la primera vez fue por el civil - sería por la iglesia y vestida de blanco. ¡Tenía la película tan clara! Por eso yo fui la primera sorprendida cuando descubrí que estaba enamorada de Jorge”.

Su primer encuentro fue en la carretera cuando él la chocó por detrás. “A raíz de eso terminamos en la clínica. Nada grave, pero igual terminé con cuello ortopédico y puntos en el brazo y mentón. Yo estaba furia. Lo encontré un tonto prepotente, incapaz de reconocer que manejaba distraído. ¡Dale con acusarme de frenar en seco! Pero al otro día me llamó para pedir disculpas y hablamos una hora completa. ¡No podía creerlo! Y a la noche siguiente la misma cosa. Un bichito dentro de mí me decía, para Lucy, ya te dijo que es casado, pero su voz y entusiasmo me atraía. Al comienzo no hablábamos de temas personales, sólo lo mínimo para conocernos. Yo soy trabajólica, le dije, muero por mi trabajo, estoy separada hace ocho años, no salgo con nadie y tengo una hija de nueve años. El me contó de sus tres hijos, de su casa en Santiago y su trabajo en una exportadora de frutas en San Felipe. Eso fue todo en cuanto a nuestras vidas privadas. Preferíamos conversar de política, de su pega, de la mía, de medicina, de los reality shows y teleseries, en fin de todo. No puede pasar nada malo pensaba, si sólo estamos tonteando por teléfono. Esto duró más de un mes. Yo le pregunté cómo lo hacía para llamarme tan tarde. Mi señora es de las que se queda dormida temprano fue su respuesta. Con esa frase no me estaba diciendo nada y, a la vez, me lo estaba diciendo todo. Yo sentí curiosidad primero, después algo rico y cuando me quise echar para atrás, ya era muy tarde: estaba enganchada. Empezamos a mandarnos mails, los dos todo el tiempo advirtiendo que sería el último, que lo dejaríamos hasta ahí. Pero cuando se cumplieron los dos meses del accidente nos vimos. Jorge me dijo que quería ver si había quedado bien de mi torticolis. Era un viernes y nos juntamos para almorzar y yo no tenía turno en la tarde, la Catita se iría con su papá por todo el fin de semana y él tenía que volver a San Felipe. Cosa que no hizo. Se fue a mi departamento y estuvimos juntos hasta el domingo en la tarde.

“Nuestra relación duró año y medio. Nadie nos descubrió por la sencilla razón que no podíamos vernos todos los días; apenas una o dos veces por semana con suerte. Quizás sea esta la razón de que sea tan intenso lo que siente cada uno por el otro. Hay una fuerte dosis de amistad y compañerismo que nos une. No todo es amor y pasión. A veces estamos toda una tarde juntos en silencio, escuchando música, sin tocarnos si quiera. Yo encuentro precioso lo nuestro. Me emociona, me enternece y me duele. A veces le pregunto a Jorge que por qué tenemos que ser dos personas tan correctas. Tantos otros enamorados de la historia han tirado todo por la borda y seguido adelante con su relación. El me mira nomás. No necesita decirme que somos distintos, que nuestro amor es más profundo y puro que el de los Romeos y Julietas. Después de una conversación así nos abrazamos y yo lloro en su hombro mientras él me hace cariño en el pelo. Desde un principio nos hicimos preguntas de esta naturaleza. Por qué, por qué. Sabíamos que tenía que terminar. Jugamos con fuego y los dos nos quemamos, había llegado el momento de regresar al camino trazado, me decía Jorge. Nos separamos hace dos meses. Me acuerdo que cuando nos despedimos me dijo que hacíamos una linda pareja, y me sonrió como sólo él sabe sonreír. Fue lindo; yo sentada en el auto, él parado afuera. Nos dijimos adiós como si mañana nos volveríamos a ver. No lloré delante de él. Comprendí que tenía que sacrificar lo nuestro. Fue una despedida sin tragedia, pero el problema es que ahora estoy tan triste. Supongo que tenía que venirme el bajón, y como no quiero llamarlo, porque eso fue el acuerdo, que sería hasta nunca, tengo que morderme la lengua cuando me dan las ganas de gritar su nombre.

“Estoy triste, sé que hice bien, pero la pena no me la quita nadie. Jorge fue como padre, hermano, amigo y esposo. Me sentía tan bien y confiada y feliz a su lado, pero sentí que se debía a su familia, y estaba en los cierto, volvió a ella. ¡Estoy desecha! Llamé a la Fundación Chile Unido porque no sé qué hacer con la pena y temo partir corriendo donde él y eso, yo sé que yo no me lo perdonaría. Tengo que salir adelante, sólo quiero que me escuchen. Sé que no habría sido feliz a costa de la infelicidad de una familia completa. Sin embargo duele y a la vez me siento integra y mas libre que nunca ya que pudiendo haber seguido juntos, con dolor y en plena libertad dijimos no. Sé que estoy pasando y pasaré por momentos duros pero me estoy sintiendo mejor persona a pesar del sufrimiento. Mientras tanto pido fuerzas para mantenerme en la decisión tomada.

Sí, ha sido buena idea el escribir. Ya me siento mejor. Le pido a Dios que me de fortaleza y que el tiempo pase rápido. El correr del tiempo es el mejor remedio”.

 
     
     
     
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